Un viaje en barco

Por: Kartus

Me desperté pensando que todo había sido un sueño, pero estaba equivocada. Al voltear, vi a Luis; sí, el mismo Luis con el que reía y disfrutaba los momentos más alegres de toda mi vida, mi mejor amigo, el que había fallecido hacía tres meses en un horrible accidente de barco. Desde que salimos de la escuela, teníamos el sueño de viajar por el mundo en barco, así que empezamos a trabajar en uno. Todos los viajes los hicimos juntos, menos uno, el que coincidió con el día de la boda de mi hermana, uno de los más felices, pero que acabó convertido en el más triste de todos. Me llegó la noticia de que en el barco en el que se encontraba Luis se había estrellado y él había fallecido. Por mucho tiempo no quise volver a subirme a un barco, pero tuve que superar el enojo y la tristeza.
Ahora estaba ahí, parado, pero no entendía cómo, ¿cómo era posible que estuviera viendo a una persona muerta?, ¿me estaba hablando?, ¿era mi imaginación? De repente, un empujón me tiró al suelo y quedé inconsciente.
— Apúrate ya, no hay tiempo para quedarse ahí tirada — me gritaba el capitán.
Yo miraba hacia todas partes buscando a Luis pero … ya no estaba; volteé una y otra vez, pero seguía sin poder verlo.
— ¡Qué esperas, ya levántate del suelo!, ¿qué estás buscando?
Me levanté, tratando de comprender lo que acababa de suceder.
— ¿Puedes acercarme esas cuerdas y dejar de actuar tan raro?
Mientras llevaba las cuerdas, de un segundo a otro, otro gran empujón nos tiró al piso a todos, pero esta vez no perdí la conciencia y volví a ver a Luis; ¡cómo era posible!
Entre la tripulación se armó un gran alboroto; no comprendían por qué el barco se movía con tal brusquedad. Me acerqué al capitán:
— Señor, ¿dónde estamos?, esto no parece la ruta hacia Miami.
— Ya lo sé, no me lo tienes que decir — contestó el capitán de mal humor.
— ¿Acaso…. ummmm, acaso estamos perdidos?
— Shh, shh, ¡cállate, no quiero que todo el barco se entere.
— ¡QUÉ! — gritó Penélope —, ¡cómo que estamos perdidos!, ¿no se supone que deberíamos estar ya por llegar?, ¿cómo sucedió esto?
— ¿Y tú crees que yo no lo sé?
— ¿Y por qué no le ha dicho nada a la tripulación?, ellos tienen derecho de saber.
— De saber qué exactamente, todavía no tenemos la seguridad de que estamos perdidos y, aparte, que seas la segunda del capitán no te da derecho a cuestionar mis decisiones.
Después de un tiempo sin haber vuelto a experimentar otra sacudida, me acerqué a la cabina del capitán y, por la ventanilla, vi que se encontraba sentado en su camarote con las manos en la cara, sin moverse. De un momento a otro vi que se levantaba y caminaba hacia mí, pero me había equivocado, se dirigió al control del barco y se quedó ahí pensando. Luego, lo escuché hablar y me asomé para ver quién estaba con él, pero no había nadie.
— Si en una hora no recibo respuestas del comando, tendré que hacer saber a toda la tripulación que estamos perdidos y… sería mi fin … toda mi carrera … mi vida … no puedo permitirme esto, no puedo …
Detrás de mí escuché un gran golpe y pude ver la sombra de alguien. Corrí tras ella; al llegar a un punto, la sombra se paró y me encontré cara a cara con Luis.
— ¿E… eres tú de verdad?, ¿pero cómo?, ¿cómo es que …?
Él hizo una clase de seña para que me callara y empezó a señalar al mar; no entendía para nada a lo que se refería. Empezó hacer un triángulo en su mano y empecé a atar los cabos.
– Si estamos perdidos por Miami y Puerto Rico, entonces … ¿no estaremos por el Triángulo de las Bermudas? Si es así, estaríamos acabados, necesito que me ayudes a cambiar de rumbo antes de…que lleguemos y no podamos salir.
Los dos caminamos hacia la cabina de control; ahí Luis me empezó a dirigir con sus manos. Después de unas largas horas al timón, el capitán llegó y me empezó a gritar.
– ¡Qué haces!, ¡acaso te has vuelto loca! Nos estás guiando a la muerte.
– ¿A qué se refiere?
– Le acabas de dar la vuelta al barco y te diriges directamente al Triángulo de las Bermudas. Mira la brújula.
Al mirar la brújula, me di cuenta de que el capitán tenía razón, pero ¿por qué?
– Capitán, acaso nosotros … ¿estábamos por el camino correcto?
-Pues claro que sí – contestó el capitán con brusquedad-. Hace unas horas me di cuenta de que alguien había movido el timón, pero ya había corregido el rumbo. Ahora muévete para que arregle tu intento de ¨salvarnos¨- el capitán se volteó mientras emitía una especie de carcajada.
Me di la vuelta pensando en cómo Luis podría ser capaz de hacerme esto. Miré fijamente hacia donde se encontraba Luis y dije:
— ¿Cómo te atreves?, ¿qué pretendes?
Luis se volteó.
— MÍRAME Y CONTESTA A MI PREGUNTA, ¿ POR QUÉ QUIERES MATAR A TODA ESTA GENTE?- grité.
Luis habló por primera vez:
— Mira, aquí arriba estoy demasiado aburrido y te extraño mucho; de verdad tienes que creerme cuando digo que te extraño. Quiero que vengas conmigo.
Me quedé boquiabierta y se me nubló la vista. Dejé de escucharlo y contesté:
— Entiendo que quieras que sigamos compartiendo momentos divertidos, a mí también me gustaría, pero no puedes venir y decidir cuándo muero; será cuando D-os quiera, así que olvídate de sabotear el barco.
Luis asintió con la cabeza y desapareció.

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