Los cambios de la vida

Por: Melany

Hoy desperté sintiéndome una persona nueva, más feliz y sin tantas preocupaciones. Hoy que desperté vi una mañana despejada y un paisaje hermoso y colorido con flores de todos los colores, con niños en los parques jugando y riendo. Hoy que desperté, logré disfrutar por primera vez en mucho tiempo el increíble amanecer de primavera. Pero, para lograr despertar así tuve que pasar por un momento muy largo y difícil.

Todo comenzó el 17 de mayo, que para mí era simplemente un lunes, cuando lo vi entrar a la tienda en la que trabajaba. Era un hombre alto, de cabello claro y ojos verdes, un hombre que a primera vista parecía atractivo, pero se fue sin comprar nada, ni hablar.

Más tarde en la tienda no podía pensar en nada más que en el hombre. Después de unas cuantas horas, ya pensando que no iba a volver a ver a este hombre misterioso, la puerta se abrió de golpe sacándome de mis pensamientos, y ahí en la entrada lo vi, sin poderme mover ni decir nada, simplemente me quedé paralizada, él empezó la conversación diciéndome: ¡Hola! Después de unos segundos me preguntó que si quería ir a tomar algo, me sentí rara, aunque al instante contesté que por supuesto.

Pregunté que a dónde íbamos, pero me contestó que era una sorpresa, quince minutos después llegamos a un lugar que no conocía, un restaurante moderno, decorado con diferentes lámparas y cuadros, un lugar que por su apariencia parecía alegre y colorido, lleno de vida, el lugar daba una sensación agradable y relajada.

Él bajó primero del coche y me abrió la puerta lo que me pareció una actitud muy caballerosa, bajé del coche y lo primero que pregunté fue que en dónde estábamos, y me dijo que en su lugar favorito. Él pidió una mesa para dos, pasamos y nos sentamos, nos pasaron las cartas y pedimos las bebidas, el mesero regresó unos

instantes después con lo que pedimos y a preguntarnos que si queríamos ordenar los platos fuertes. Ordenamos y platicamos toda noche, nos conocimos un poco más, él me contó de su familia y yo de la mía, platicamos de nuestros pasados, me contó lo difícil que fue su infancia viendo a su mamá sufrir porque su papá le pegaba. Me contó que él tuvo que ver con la muerte de su padre, pero en ese momento cambió de tema, quiero suponer que fue por la expresión de miedo que vio en mi cara y el suspiro que hice después de analizar lo que me estaba diciendo, sin embargo seguimos platicando hasta tarde. Me acompañó a mi casa. En cuanto cerré la puerta estaba muy confundida, sabía que había algo raro en este hombre porque no es normal que alguien quiera matar a su padre, sabía que tenía mucho que pensar.

Me dormí, con una sensación que no descubrí hasta después, una especie de miedo y nervios. El sueño me ganó, al despertar volví a pensar en la noche anterior, había algo que no me gustaba, sentía algo raro, sentía que escondía muchas cosas, salí de mi casa como todos los días, fui a trabajar y regresé a mi casa. Mi día dio un giro. Había un mensaje en mi buzón, lo escuché y era él invitándome a cenar, cuando escuché su voz sentí que me faltaba el aire, me sentí débil como si en cualquier momento me iba a caer al piso. Cuando acabé de escuchar el mensaje me empecé a preguntar cómo había conseguido el teléfono de mi casa, quién se lo había dado, pero sobre todo por qué había investigado el teléfono de mi casa y no el de mi celular. No contesté porque empecé a sentir más miedo.

Después de unas horas el timbre sonó, un escalofrío recorrió mi piel, caminé hasta la puerta, la abrí y estaba él, el miedo que sentía empeoró porque ahora la pregunta sería quién le dio mi dirección, cómo sabía en dónde vivía, me habría seguido. Me saludó y me dijo que si podía pasar, y mi primera reacción fue negarlo con el pretexto de que mi casa estaba muy tirada. Entonces le dije que si mejor quería hablar afuera. Empezó preguntándome por qué no le había contestado el mensaje, le contesté que se me había pasado y le pedí una disculpa y me dijo que no pasaba nada y que si me podía invitar a tomar algo, y le dije que sí pero que sea algo cerca,

se lo dije porque tenía miedo, me sentía insegura a su lado, era una sensación que nunca había sentido, y estando cerca de mi casa me sentía más segura.

Fuimos a una cafetería a pocas cuadras de mi casa, platicamos de muchas cosas pero yo me seguía sintiendo muy incómoda, me sentía insegura, como si lo que estaba haciendo estaba mal, sin embargo la noche fluyó normal pero hubo algo que se me hizo raro y me hizo sentir temor, quería que le diera muchos detalles sobre mí, como por ejemplo qué tipo de coche tenía, en dónde vivía mi familia, la dirección de la casa de mis amigos, cosas muy específicas. El miedo creció mucho, me empezó a doler el estómago, sentía náuseas, y en ese momento decidí que tenía que ponerle un alto a lo que fuera que estaba pasando.

En el camino de regreso le dije que me la había pasado muy bien, pero que me gustaría dejar la relación hasta ahí, en ese momento él puso una expresión de enojo y comenzó a gritar. Agarró mi mano con mucha fuerza, no la podía quitar, sentí pánico, sentí como todo mi cuerpo temblaba, y sentí la urgencia de salir corriendo para llegar y cerrar la puerta de mi casa con llave, pero cuando lo intenté mis piernas no me respondieron. No podía avanzar, me faltaba el aire y la vista se me comenzaba a nublar, al final me pidió una disculpa y otra oportunidad. Le dije que no estaba lista para tener una relación, aunque esa no fuera la verdad. Entrando a mi casa me senté en la puerta y comencé a llorar de la preocupación que sentí en esos momentos, y seguí repitiendo la noche en mi cabeza una y otra vez.

Al día siguiente fui a trabajar y sentí normal mi vida. Regresé muy noche a mi casa y justo cuando iba entrando sonó algo, pensé que era de nuevo el teléfono de mi casa pero en esta ocasión era el de mi celular. Lo prendí y aparecía el mensaje de un teléfono bloqueado, el mensaje no decía nada más que un signo de interrogación. Volví a sentir el mismo escalofrío que cuando sonó el timbre de mi casa, sólo que esta vez estaba combinado con mareo y mucha confusión. Me senté en el sillón porque sentía que si me quedaba parada me iba a desplomar. Estaba segura de que él había mandado el mensaje.

Dormí muy poco pero me tranquilicé en la mañana viendo que no había otro mensaje, pero cuando pensé que ya había acabado todo esto mi teléfono vibró de nuevo, sentí un vacío, sentí ganas de llorar y de gritar a la vez, lo ignoré, me metí a bañar y salí al trabajo. Llegó la hora de cerrar la tienda, me agaché para cerrar la puerta. Cuando me estaba parando alguien me puso algo en el cuello que me dejó inconsciente.

No recuerdo nada, abrí los ojos y ahí estaba él manejando, yo a su lado atada, tenía la boca tapada. Quería gritar, quería salir de ahí, preguntarle por qué estaba haciendo eso, pero en vez sólo comencé a llorar, pensaba que esto ya era demasiado, esta vez mis nervios eran incontrolables, todo mi cuerpo estaba temblando, lo que sentía ya no era miedo, sino terror, quería salir, quería que frenara el coche y escapar, pero nada de eso pasó.

En el camino él sólo me decía que me quería, confesó cosas que eran demasiado para que yo lo lograra entender en esas circunstancias, me dijo que me llevaba observando desde hace tres meses, en ese momento todos mis nervios se pasaron a enojo, quería pegarle, pero mi cansancio ya era demasiado. El coche comenzó a frenar, pero antes él me agarró y me vendó bruscamente los ojos. No sabía en dónde estaba, era un lugar muy frío. Me aventó al suelo y ahí me dejó, sola, y en ese tiempo lo único que podía pensar era en lo que iba a pasar, qué me iba a hacer, imaginaba cosas horribles que sólo me daban escalofríos, sólo me hacían sentir un nudo en el estómago.

Pasaron muchas horas, o al menos así lo sentí. Sentí miedo, sentí soledad, sentí que ya lo tenía todo perdido, en ese momento pensé que ya me había rendido, sentía húmedos mis cachetes y ahí me di cuenta de que seguía llorando. Poco a poco me fui calmando y fui reviviendo todo lo que había pasado.

Escuché un ruido, el ruido de la puerta al abrirse, escuché unos pasos y cada vez sentía la sombra más cerca de mí, una mano me quitó la venda de los ojos, alcé la vista y era él con un plato de comida, me dijo que me iba a dar de comer, me quitó

la cinta de la boca, ese era mi momento de escapar. Le dije que si podía ir al baño, dudó un momento pero después me dijo que confiaba en mí, que sabía que no me iba a escapar. Subí las escaleras, la casa estaba abandonada, caminé con miedo, intentaba buscar algo que me pudiera ayudar a defenderme. Vi una ventana rota y corrí por uno de los pedazos de vidrio, lo escondí. Estaba regresando y lo encontré subiendo las escaleras, en ese momento me abrazó y me dijo que sabía que no escaparía, durante el abrazo saqué el vidrio y se lo clavé en la espalda. Subí de nuevo y usé la ventana rota para poder escapar.

Corrí, corrí lo más rápido que pude, no sabía en dónde estaba. Vi un coche, intenté que se parara, paró a lado de mí, bajó la ventana y le pregunté que en dónde estábamos, me dijo la calle, me ubiqué perfectamente. Estaba cerca de mi casa, corrí de nuevo. Llegué a mi casa me senté en la puerta y comencé a llorar, entendí lo que acababa de pasar y sabía que nunca iba a poder contárselo a nadie, nadie nunca iba a saber lo que acababa de vivir.

Lo primero que hice fue meterme a la regadera, dejé que el agua caliente se resbalara por mi piel, me acosté. Me dormí hasta las once de la mañana, desperté sintiéndome una persona nueva, feliz y sin tantas preocupaciones, desperté sintiéndome en paz, y finalmente segura.

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