La traición de la reina

Por: T

En un monstruo me había convertido, alguien sin sentimientos, frío, vacío, como si fuera de piedra. Lograba recordar quién era, pero sabía que había cambiado y sin embargo era uno más de ese horrible ejército de gente sin corazón. Lo único que pensaba era matar, pero muy en el fondo, en mí algo seguía latiendo, una sensación de odio. Me sentía culpable de haberme convertido en esta persona. Y lo maté, con una culpa que me llenaba y recorría cada parte de mi cuerpo, pero a la vez con un sentimiento de venganza y de haber hecho lo que iba a ayudar al pueblo.

Todo comenzó en un reino donde tres hermanas gobernaban, el reino era un lugar de puros hombres, las únicas mujeres eran ellas, un reino donde el ejército era más fuerte que el poder de un D-os. En la mirada de una de ellas la obscuridad penetraba, como si por dentro no hubiera nada más que maldad, era como una moneda, tenía dos lados, de un lado un egoísmo enorme y por el otro una hermosura que hacía que cada hombre se enamore de ella. Durante sus primeros años de reinado, las hermanas eran muy cercanas, parecía que cada una complementaba a la otra. Giselle: era belleza; Lea: corazón y Savannah: mente.

El reino se encontraba en una ciudad chiquita, donde parecía que cada quien tenía su lugar, todo muy bien acomodado, todos dependiendo de todos. A lado de la ciudad había varios reinos, reinos en los cuales sólo hombres podían gobernar y las mujeres sólo eran una más en el pueblo, sin derechos, ni libertades. En cambio en el reino de las reinas era lo contrario, tres reinas gobernaban una ciudad completa y los hombres no eran más que soldados, quienes vivían para pelear por ellas. Día y noche entrenaban para lograr el mejor ejército. El secreto de las reinas al crear este ejército y que fuera fuerte, era la soledad y lealtad de los soldados: sin familias, sin amores, sin complicaciones, gente que no tenía por quién morir, sólo por las reinas, las únicas que les permitían vivir.

En una noche de soledad la hermana más bella: Giselle, mandó llamar al soldado más guapo, inteligente y fuerte, pero con un defecto, era rencoroso, sentimental y vengativo, Alex. Cuando él recibió la orden de ir a visitar a la reina, decidió llevarse con él su arma más fuerte que tenía, sin embargo dentro de su reino nunca la había usado para luchar, esa arma era el deseo. En cuanto llegó al castillo la reina pareció seria como siempre, sin sentimientos. Decidió que era hora de vengarse de la persona que más daño le había hecho en el mundo, la persona responsable de ese vacío que sentía día a día. La primera vez que se vieron, él sintió que había encontrado al amor de su vida, se quedaron charlando y ella en lo único que pensaba era en volverlo a ver.

Después de días, luego semanas de verse, un gran amor surgió entre ellos, él sin pensarlo creía ciegamente en ella y en la pasión que le demostraba día a día. Mientras ellos andaban juntos, la reina descuidaba su trabajo: fortalecer el ejército y estar al pendiente de amenazas externas. Es por eso que en una mañana nublada, a los soldados les pareció ver una chispa en el cielo, una chispa inconfundible, la chispa de una bomba que se acercaba a la ciudad. La reina y el guapísimo soldado se encontraban juntos, cuando entraron las hermanas de la reina a decirles que el pueblo se estaba quemando y destruyendo, que habían sido amenazados por el rey más fuerte que existía, el cual buscaba robarles a sus soldados y dejar a las reinas sin protección.

Sin opción, la reina dio la orden de atacar y defenderse, pero sobre todo no traicionar. El rey que los atacaba se decía que era el más fuerte de todos, pero no se decían las razones del porqué los amenazaba, no se le había visto nunca antes la cara, ni su identidad.

Cada reina ocupó un importante lugar en la pelea, Giselle decidió que ella sería quien iría al frente del ejército, quien dejaría todo atrás y con valor lucharía. Ella creía que no tenía nada más que perder, lo único que le importaba era pelear por su reino. Savannah, decidió que lo más importante era cuidar el oro; el cual muy rica y con poder la había convertido, entonces se fue a esconder junto con todo ese oro debajo de la tierra. Por último, Lea decidió que desde lo más alto del castillo donde nadie la pudiera ver, ni alcanzar ahí estaría viéndolo todo, pero sin ser vista.

Al comenzar la guerra cada que avanzaba el ejército, cada que se veía un cuerpo caer, muerte tras muerte, un lago de sangre se derramaba. Giselle sólo pensaba en destruir a todos los del otro ejército pero sobre todo matar y ver quién era ese rey. Parecía que no avanzaban, pero cuando menos se dieron cuenta ya estaban en el castillo, la reina decidió bajar y entrar sola, tenía un presentimiento pero era imposible, ella sentía y pensaba que al fin todo ese odio saldría.

En cuanto entró al castillo lo recorrió de arriba a abajo. De pronto logró encontrar a ese rey que los amenazaba; estaba todo cubierto con su uniforme de guerra, una máscara plateada, un plateado tan brilloso que a distancia la reina se reflejaba. Ella intrigada de no saber a quién tenía enfrente. Le preguntó: ¿qué es lo que buscas?, ¿por qué a mi pueblo?

Y él le contestó: por ti.
-¿yo qué?, ¿yo quién soy?, dijo ella.
-Vuelve a ser mía.

Le ordenó la reina que se quitara la máscara, y en un abrir y cerrar de ojos su cara fue revelada. Congelada Giselle, lo recordó todo, por su mente pasó el recuerdo de cuando ella vivía en el otro reino.

Hace mucho tiempo ella en otro reino, parecía como si en otra vida, se había enamorado, de un campesino muy feo pero quien la hacía sentir como nadie más, como si él le daba vida, la hacía feliz y sobre todo la hacia sentir mujer. Él era una persona humilde, quien la enamoraba día a día cada vez más. Después de un tiempo ella se quedó embarazada y él decidió que entonces era momento de casarse, así que le propuso matrimonio y ella aceptó.

Un par de días después, en la noche, mientras Giselle esperaba a su prometido para dormir fue cuando ella escuchó un ruido y rápidamente salió del cuarto para ver quién estaba, al bajar de las escaleras una persona cubierta con una capa negra la aventó y la hizo rodar por las escaleras lo cual provocó que perdiera a su bebé. Eso la llenó de pura amargura y sobre todo hizo que su corazón se volviera frío y sin sentimientos. El prometido no hizo nada, solamente no entendía quién era capaz de hacer eso, parecía que no le importaba, ni Giselle, ni nadie, solamente quien era la amenaza.

Fue así que Giselle se fue alejando mucho de él, cada vez un poco más. Ella estuvo investigando durante años completos y un día se dio cuenta que su marido ya no la quería, porque tenía una amante con quien lo encontró en la cama, pero no pudo ver quién era ella. Ahí decidió que era tiempo de separarse de él y lo hizo.

Sola, fue a buscar a sus hermanas y decidieron que juntas iban a dominar el mundo, tendrían su propio reino donde ningún hombre les pudiera hacer daño. Todos los hombres serían sus esclavos y todo ese enojo lo usarían como coraje para lograr tener su propio reinado.

Lo único que pasaba por su cabeza era que al volverle a ver la cara, sólo podía sentir rencor, enojo, de haberle roto el corazón y traicionarla. Ella le preguntó: ¿Quién fue tu amante? Y él le contestó, la persona en la que más has confiado toda tu vida, con la cual compartes tiempo día y noche, tu hermana: Savannah. Ella se quedó fría, sentía que no podía volver a confiar en nadie más, que todos la traicionaban. En ese instante fue a buscar a su hermana al castillo, hizo que todas las tropas regresaran y al verla la enfrentó.

Le dijo que cómo fue capaz de hacerle eso a su hermana, en la única en la que había podido volver a confiar, Savannah le contestó que ella también le había quitado lo que más quería: casarse con él y que no sólo era la amante de su esposo si no quien mató a su hijo y la tiró por las escaleras.

Ese sentimiento que sentía Giselle era tan grande que le invadía todo el cuerpo, sentía una carga que la ahogaba, una rabia de que toda persona que quería, la terminaba matando por la espalda. Es por eso que decidió que ya no tenía por quien luchar, que ya no tenía ni su reino, ni a sus hermanas, ni donde vivir, nada, todo se había derrumbado en cuestión de segundos lo único por lo que luchaba, lo único que hacía que no muera, era su reino. En ese instante aunque estaba viva sentía que ya no tenía más razones, prefería estar muerta de verdad a estar en ese horrible sentimiento de querer ya no sentir nada, era como un infierno. Entonces Giselle decidió que ya no merecía estar en este mundo y se aventó desde lo más alto del castillo.

Al morir un llanto se escuchaba tras la puerta del balcón, era Alex, el guapo guerrero, quien realmente la quería, el único hombre que la había conocido, el único que la había sentido y aunque ella era fría y con una obscuridad gigante dentro, él era el único quien realmente lograba ver ese pequeño agujero donde destellaba un enorme rayo de luz, el cual podía hacer que en cuestión de segundos alguien se enamorara de ella.

Y yo, Alex, en un monstruo me había convertido, alguien sin sentimientos, frío, vacío, como si fuera de piedra. Era el único que sabía lo que había pasado, era su sombra día y noche, trataba de cuidarla, pero no me podía perdonar que nunca pude evitar que pasen todas esas desgracias. Cuando decidió hacer un ejército poderoso decidí ser la cabeza de éste, para que así un día me pueda hacer caso, sin embargo ella nunca se enamoró de mí. Es por eso que en el fondo de mí, por primera vez me dejó de importar si la gente pensaba que soy cobarde, valiente, exagerado, ya no importaba nada, ya nada dolía más que lo que sentía ahora y por fin traté de lograr el objetivo que había tenido siempre, verla una vez más, pero en el otro mundo.

admin