Las notas que se unen

Por: Melodía

“¡No te subas a mi cama!”, “¿Por qué siempre desordenas la habitación?” “Bueno,… empieza a recoger”.. Estas eran las frases que se repetían en la casa de la familia Levin. Shir estaba indiferente a lo que sucedía a su alrededor. Estaba acostumbrada a que le gritaran así.

Cada tarde, a su regreso de la escuela, esa escena se repetía. Sus hermanas mayores esperaban que se comportara como ellas, sin importarles que fuera seis años menor. Shir, una niña dulce y expectante de ocho años; nació en la familia después de dos hijas y un hijo. Era una niña promedio con una rutina normal de niña.
Cuando nació, todos estaban felices y la trataron con mucha dedicación; sus hermanas la querían mucho y disfrutaban meciéndola, cantándole canciones, acariciándola y comunicándose con ella. Cuando Shir nació, se creó con ella una melodía tranquila, suave y alegre, que la acompañaría el resto de su vida, aunque iría cambiando conforme a su estado de ánimo.
Pasó sus primeros años de kinder con gran éxito. Pero cuando llegó a preprimaria, se le dificultó entender las letras. Y así pasó durante la mayor parte del año. Sus padres hablaron al respecto con la maestra, pero ella decía que era solo una cuestión de edad porque Shir era la más pequeña de la generación, que a medida que creciera, tendría éxito al igual que todos.
Hacia el final del año, tuvieron que tomar una decisión sobre si debería permanecer en preprimaria por otro año o si sería mejor pasarla a primer grado. Los padres consultaron con la maestra, los directores y profesionales de este asunto; después de una larga y significativa discusión, concluyeron que sería mejor para ella continuar en el camino regular. Pero todavía había dudas en el corazón de la madre. ¿Esta era realmente la decisión correcta?
Después de unas vacaciones agradables y relajadas, comenzó el año escolar y con todas las chicas; Shir también inició un nuevo año con mucho entusiasmo. Pronto los maestros se maravillaron de su rápido avance y de su profunda habilidad, era evidente que ella era una chica inteligente.
En la primera reunión de padres, los maestros les dieron las buenas noticias. » Shir es una niña muy inteligente con una capacidad de aprendizaje y una excelente comprensión ». La madre preguntó varias veces si había alguna diferencia con el resto de sus compañeras y el personal de la escuela insistió en que no había nada de qué preocuparse, que todo estaba bien. Los padres estaban muy felices y pensaron que el problema se había solucionado.
Cuando llegó el momento de los exámenes, Shir se puso tensa e impaciente. No quería estudiar y hacía todo sin ganas. Sus padres la llevaron al oculista, pensaron que todo podría deberse a un problema visual. Pero no era eso.
Cuando los maestros calificaron los exámenes, notaron que Shir todavía tenía dificultades para leer y escribir: Pero era extraño. Todo lo que le preguntaban oralmente lo sabía muy bien, por lo que no le prestaron demasiada atención al asunto.
Así continuó ese año y lentamente, la tristeza comenzó a aparecer en el corazón de Shir. Terminó primero con muy bajas calificaciones y mal humor. Al igual que Shir, las notas de su melodía también cambiaron de color y sonaban con gran amargura.

Y otra vez llegaron las vacaciones… Excursiones … … campamentos … … diversión… … y a veces un poco de descanso, lo que ayuda a todos a sentirse bien y estar tranquilos. Se acercaba el nuevo año escolar, comprar nuevas mochilas y cuadernos. La curiosidad aumentaba cada día. ¿Quién sería la maestra?, ¿con quién se sentaría?, ¿ee unirían algunas chicas nuevas? Sin querer, aparecieron nuevas melodías de esperanza y trajeron consigo un nuevo rayo de luz que calmó el corazón de la madre, trayendo fuerza y alegría a la vida de Shir.
El primer día de clases, volvió Shir con historias interesantes sobre maestros y amigas, lo que jugaron durante el recreo y las experiencias que vivieron las demás. Su madre escuchó con entusiasmo todo lo que tenía que decir y disfrutó escuchar a su hija feliz.
Pero las cosas cambiaron solo una semana después; de una niña animada y relajada se convirtió en una niña nerviosa y frustrada. Se negó a hacer la tarea y cuando su madre la obligó a sacar los cuadernos, empezaron largas peleas. Shir escribía y su madre le pedía que borrara e intentara escribir ordenadamente en las líneas. Shir se desesperaba y arrancaba la página con enojo del cuaderno, guardaba todo en la mochila y la cerraba sin intención de terminar el trabajo.
Por las mañanas, era casi imposible despertar a la niña, tenían que sacarla de la cama e incluso vestirla. Shir gritaba que no tenía fuerzas y quería volver a dormir. Sus hermanas la regañaban para que se apresurara, pero nada ayudaba. Shir seguía en lo suyo,”no quiero levantarme y no quiero vestirme”.
Las notas de la melodía volvieron a cambiar sin previo aviso, como si la oscuridad se hubiera apoderado de ellas. La madre preocupada habló algunas veces con su hija. “ ¿Te molestan en la escuela?, ¿la maestra te regaña demasiado?, ¿tal vez es un poco gritona?» Pero Shir no mencionaba ningún problema grave. En la casa comenzaron a pensar que probablemente era flojera o falta de sueño y sugerían que se acostara temprano. Los resultados fueron opuestos, ahora no solo tenía dificultades para levantarse, sino que por la noche no podía conciliar el sueño … … y se creaba un ciclo de fatiga continua.
En el corazón de Shir, comenzó a sonar una melodía triste … gris y nublada…….
Una mañana, mientras todos se preparaban para ir a la escuela, Shir se dirigió a mamá y le pidió unos cuantos pesos. La madre preguntó para qué necesitaba el dinero. Shir se encogió de hombros, pero la madre no la soltó hasta que le explicó. Explicó que no había terminado de copiar un apunte y, como no lo quería completar en casa, le pidió a una compañera que lo hiciera por ella, pero a cambio de un poco de dinero. La madre se sorprendió al escuchar esto, pero se mantuvo tranquila y relajada. Suavemente se sentó y habló con su hija mucho tiempo.
Los pensamientos corrieron alrededor de la madre y no le dieron descanso. Las melodías mezcladas sonaron junto con los vívidos recuerdos de Shir, pero solo ella, la madre, pudo escucharlas y recordarlas. Las lágrimas comenzaron a humedecer sus mejillas y comenzó a rezar desde el corazón … “Creador del mundo, solo tú conoces, solo tú entiendes y descifras lo que está escondido dentro de cada persona. Dame el consejo correcto e ilumina nuestros caminos … Por favor». Y así siguió rezando un largo tiempo.
Unas horas después, llamó a la escuela y pidió reunirse con la maestra de Shir. ¿Y cuál fue la maravilla? La secretaria le dijo que la profesora justo quería hablar con ella. Juntas decidieron que valía la pena tomar en cuenta lo que estaba pasado y llevar a Shir con un profesional.
Eligieron a un especialista con muchas recomendaciones, a pesar de que estaba a una hora y media en coche de su casa. Él informó a los padres sobre la dificultad para concentrarse de la niña y pidió la ayuda de un médico para identificar el origen problema. Resultó que Shir tenía un problema de enfoque, rápidamente le dieron sus nuevos lentes que le ayudaron a leer y escribir, pero sobre todo fueron lentes que trajeron de vuelta la armonía para la familia Levin, lentes que tocaban melodías felices, que proyectaban luz y esperanza, notas únicas que compondrían canciones durante toda la vida.

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