La maestra que lo cambió todo

Por: Silau

Daniela se despertó una mañana de domingo; estaba feliz porque no había escuela. Estaba acostada planeando qué hacer, empezando por dormirse hasta tarde. El momento de felicidad duró apenas unos minutos, ya que le pegó un golpe de la realidad, se acordó de que tenía clase de piano. ¡Cómo odiaba tocar el piano! La maestra, la señora Mendés, era una viejita gruñona y medio sorda; le gritaba cada vez que se equivocaba y, aparte de todo, le mandaba tarea, como si no tuviera suficiente con la escuela. Daniela de plano no aprendía a leer las notas por más que trataba; el piano no era para ella, sus dedos eran torpes y, aunque practicaba, nunca le salían las canciones, pero lo que más le molestaba era que la clase era los domingos en la mañana. El único día que podía dormirse hasta tarde arruinado por la clase de piano…
Daniela se vistió, se lavó los dientes y bajó para la clase. Para su sorpresa, la maestra no estaba; en su lugar, había una muchacha joven, de unos veinte años, vestida con una sudadera y jeans, de pelo castaño ondulado y suelto. Estaba sonriendo dejando a la vista unos dientes perfectos, ésta definitivamente no era su maestra de piano.
Daniela estaba muy confundida, la muchacha al ver su confusión, le dijo:
-Hola, mi nombre es Angie, soy la nieta de la señora Mendés; mi abuela decidió retirarse, ya estaba muy vieja para esto y que ya no tenía energía, así que tomé su lugar.
Daniela no sabía ni qué pensar, pero decidió darle una oportunidad a Angie. Esa clase pasó algo increíble por primera vez; Daniela tocó una canción completa sin equivocarse, no supo cómo lo había hecho, solo sabía que se había sentido increíble. Por primera vez le gustó la clase de piano. Toda la semana estuvo practicando la canción hasta que le saliera perfecta, para poder enseñársela a sus papás. Ya no podía esperar para aprender otra canción, el sentimiento que tenía después no se podía describir.
La clase siguiente Daniela estaba entusiasmada, tenía toda su energía enfocada en la clase. De verdad le gustaba mucho Angie; era tan fresca y relajada, no le exigía tanto, pero, a la vez, mostraba interés y la motivaba a mejorar. Angie y Daniela empezaron a llevarse muy bien, Daniela sentía que, por fin, alguien la entendía. Angie le decía que le recordaba a ella misma cuando era chica. Al paso del tiempo Daniela ya sabía tocar perfectamente cuatro canciones de Mozart, tres de Beethoven y cinco de Bach. Ahí fue cuando Angie decidió hacerle la propuesta, invitarla a participar en el “Gran recital de piano”; era un evento que Angie organizaba y solo invitaba a participar a sus alumnos más talentosos. No era cualquier cosa, los directores de “La academia de música de Cleveland”, una prestigiosa y exclusiva academia, acudían para ver si alguien era digno de entrar. Si tenía suerte, tal vez hasta le dieran una beca. De 53 alumnos que tenía Angie, solo escogió a siete, Daniela fue una de las elegidas. Era la primera vez que invitaba a alguien con tan poca experiencia; apenas llevaban cuatro meses de clases, pero, Angie había percibido algo especial en ella.
La emoción que sintió Daniela cuando Angie le dio la notica fue inexplicable; no lo podía creer, nunca soñó que ella iba a ser parte de semejante evento, pero a la vez estaba nerviosa e insegura; al fin y al cabo, tan solo tenía dos meses para preparar una canción que impresionara a los directores y a la audiencia, pero decidió hacerlo y comenzó a prepararse. Pero tenía un gran dilema, no sabía qué canción tocar y tenía que decidirse pronto, pues, si no, no iba a tener mucho tiempo para ensayar . Estaba muy nerviosa y ansiosa, hasta pensó en renunciar.
Un día para tratar de relajarse un poco, se sentó en el banco de su piano, tocando por tocar e inventando tonaditas tontas, o, por lo menos, así es como ella lo sentía. El momento que sus papás la escucharon bajaron a preguntarle de quién era la canción, que era la que debería tocar en el recital, ya que era una de las cosas más bellas que habían escuchado. Pero poco sabían que su propia hija era la que había compuesto la canción. Daniela los tomó por locos, no era consciente de su increíble talento, así que decidió ignorarlos y seguir buscando canciones.
Su mamá le marcó a Angie explicándole lo sucedido y le rogó que la convenciera de tocarla en el recital.
Angie tardó algunos días en convencerla. La preparación del recital fue exhaustiva, llena de nervios, ansiedad y arduo trabajo, pero por fin llegó el gran día.
Llegaron al auditorio, ahí la peinaron y maquillaron. Daniela echó un vistazo al auditorio; estaba lleno, ni un asiento vacío, esto aumentó sus nervios, pero decidió tratar de mantenerse en calma. Angie les dio a todos un discurso motivacional y el recital comenzó. Daniela esperaba pacientemente su turno, iba a ser la última en tocar, lo que significaba que iba a cerrar el evento. Por fin la llamaron al escenario, hizo una pequeña reverencia, se sentó y comenzó a tocar, puso su corazón y su alma; tocó con mucho sentimiento. Al terminar recibió una gran ovación. La gente estaba de pie, emocionadisima, los aplausos no acababan. Daniela estalló en llanto de la emoción y corrió a abrazar a Angie. Al terminar el evento los directores de la academia se acercaron a ofrecerle, no una beca en la academia, sino un contrato como pianista profesional y prometieron hacerla famosa.
Daniela estaba feliz y orgullosa de lo que había logrado; aceptó el contrato y, con el tiempo, se convirtió en una de las mejores pianistas y compositoras que ha habido. Siempre tenía giras y conciertos y era la persona más feliz.
Y pensar que había estado tan cerca de renunciar al piano, pero ella ya sabía a quién se lo debía todo, a Angie, la maestra que lo cambió todo.

admin