Los ingredientes prohibidos

Por: Lala

Chocolate, huevos, azúcar, harina y leche; según mi mamá la receta perfecta para un pastel de chocolate. Recuerdo todas las tardes cuando al regresar de la escuela, ese pastel me esperaba en la mesa. Si tan solo pudiera comerlo otra vez…y no, no es tan fácil como tomar los ingredientes y hornearlo.

Siempre me ha gustado cocinar, cuando era chico y mi mamá seguía en la casa, nos pasábamos toda la tarde cocinando. Ahora que Los Magistratus se la llevaron, lo único que hago es trabajar, supervisar la teletransportación y tráfico aéreo.
Actualmente trabajo en la torre de control aunque ellos siempre nos mueven a donde les conviene, he sido parte del laboratorio, policías cibernéticos e irónicamente cocinero, aunque no sé si podría llamarle así, lo único que teníamos permitido “cocinar” eran las cápsulas de vitaminas y jugos negros. No estoy seguro de qué contienen, nosotros sólo seguíamos instrucciones, aunque en realidad no importa, no es como que teníamos otra opción, de hecho estaba estrictamente prohibido cocinar otra cosa.
Podría parecer que es lo de menos pero de todo lo que tenemos prohibido yo creo que lo peor es no poder disfrutar de los sabores como lo hacíamos antes, tener que comer esa basura todos los días sin excepción.
Ellos se llevaron a mi mamá, mi pasión y la posibilidad de descubrir un sabor nuevo cada día pero eso está por cambiar…
Como todos los días me desperté a las 7:00 para ir al trabajo, desayuné dos cápsulas y un jugo, tomé el teletransportador y llegué al Centro de Control.
Por más que todos los días son iguales, hoy sentí algo diferente, hoy sentí una extraña necesidad por descubrir la verdad, ¿Dónde está mi mamá? ¿Por qué vivimos como vivimos?.
Tomé mis cosas y me dirigí al Municipio, donde se encuentran todos nuestros “líderes”. El teletransportador me dejó en la parte trasera del edificio, me sorprende que me haya traído hasta acá sin cuestionarme, en fin, tomé las escaleras y con mucho cuidado, subí.
mientras subía me di cuenta de un problema, los Magistratus se visten de blanco y nosotros de negro, tenía dos opciones: Ir a la bodega, que queda a dos cuadras, por un uniforme o tomarlo “prestado” de uno de ellos.
No sé en qué momento me convertí en esto pero me fui por la segunda opción.
Seguí subiendo por las escaleras de atrás y me escondí atrás de la puerta que lleva al piso nueve, estuve esperando como tres minutos a que llegue alguien, hasta que oí un ruido, eran dos hombres que venían hablando, ese era el momento -cuando crucen la puerta, salgo de atrás y les pego con le tubo que encontré-.
El ruido siguió creciendo pero los hombres no salían, seguí esperando hasta que me di cuenta que no estaban en el piso nueve sino bajando las escaleras, entré en pánico y bajé a toda velocidad aunque mientras bajaba noté que si no los enfrentaba, mis dudas iban a quedarse como dudas.
Tomé valor y subí de regreso, lleno de coraje y angustia me enfrenté a ellos, le solté un golpe a uno de los hombres, él cayó al piso y le seguí pegando con el tubo. El otro fue corriendo por seguridad, lo que quería decir que tenía poco tiempo antes de que me descubran.
Tomé el uniforme blanco, me lo puse lo más rápido posible y subí al piso más alto, supongo que es ahí donde se reúnen para quitarnos la felicidad.
Al subir me llegó un olor muy peculiar, no lo podía creer, era como un salto al pasado. Olía al pastel de chocolate de mi mamá, pero eso no tenía sentido ¿Cómo? La única forma de averiguarlo era entrando.
Tomé un respiro profundo y entré, empuje la puerta con tantas fuerzas que logré que todas las miradas del cuarto se dirigieran a mi.
Mi boca cayó como si pesara toneladas al ver lo que había dentro de ese cuarto. Era mi mamá, mi mamá estaba viva y no sólo eso, estaba cocinando un pastel de chocolate para las personas que se encontraban ahí. No entendía nada. -¿Será que solo se la llevaron para que cocine?-. Corrí a abrazarla cuando uno de los hombres de seguridad me tiró, mientras estaba en el piso ella se acercó a mi
-¡Perdón! –dije.
-¡Guardias!… Llévenselo.

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