La Mucama y la caja

Por: Enrique Scaroni

Mi nombre es Tania, tengo 63 años, trabajo de mucama en el Hotel Westin de México. Mi turno de trabajo es de 12:00 p.m a 20:00 p.m. El día 9 de diciembre de este año en curso, tuve que quedarme hasta más tarde por una razón y se las voy a contar. Ese día empezó igual a los demás, empezaba a limpiar los cuartos a la una de la tarde.

Tenía un rato para descansar con mis compañeras, al igual que los demás. A las 15:00 p.m. salía a comer y regresaba al trabajo a las 16:00. En la habitación que estaba haciendo a las 18:00 p.m, me encontré una caja de madera que se veía algo sospechosa, pero aún no estaba seguro de sí abrirla o no. Pasó un tiempo y decidí que si la abriría. Al momento de abrirla, quedé asombrada, me di cuenta que en el interior de ella había un millón de dólares. A todo esto pensé, qué haría con la caja. Si me salía con ella por la puerta principal, se darían cuenta que la había robado y supongo que me meterían a la cárcel. Entonces empecé a pensar soluciones para sacar el dinero del hotel. Decidí tomar todo el dinero y meterlo a una bolsa de basura para aparentar que eran desechos. La bolsa la introduje al contenedor público de basura del hotel para que no existieran sospechas de que había salido con un millón de dólares de aquel hotel. Así las cosas, a la hora de salir de turno, era el momento para salir con aquella bolsa. Todo marchaba bien hasta el momento de salir por la puerta de empleados del hotel cuando vi a Manolito, el portero, que me preguntó: “Oiga Tania, como le fue el día de hoy?”
-Muy bien Manolito gracias por preguntar, a usted que tal le ha ido, le dije.
– Bien gracias. Disculpe, ¿qué trae ahí en esa bolsa?.
– ¿En esta?.
– Si señora, en esa. Yo me quede fría sin saber qué contestar. Mis nervios empezaron a aumentar y me empecé a ponerme roja de los nervios.
– Sólo la basura Manolito.
– Muy bien hasta mañana.
-Gracias Manolito, le contesté.

Me fui muy de prisa, subí al camión y me puse a pensar que no era correcto lo que había hecho, me sentía culpable, además si aquel dinero no me pertenecía habría alguna persona a la que sí le pertenecía. No supe qué hacer con aquel dinero. Al despertar al otro día decidí hacer lo correcto.
Al llegar al hotel le pedí al recepcionista que me diera de favor el teléfono del huésped que se había hospedado en aquel cuarto. Me lo dio y le marqué.
– Buenas tardes, me comunica con el Sr. Roberto.
– Si soy yo, qué se le ofrece.
-Le hablo del Hotel Westin para preguntarle si de casualidad se le olvidó en el cuarto una caja de madera.
– Sí señora, muchísimas gracias por avisarme, la he estado buscando muy preocupado. Pensé que la había olvidado en el taxi que me trajo.
-Sr., ¿podría pasar por ella el día de hoy?
– Sí, claro muchísimas gracias voy en camino.
– Lo veo en la recepción del hotel, dentro de dos días.
– Sí, claro ahí la veo.
– Traiga su acta de nacimiento y una identificación oficial, le dije.

Dos días después llegó el Sr. Roberto a la recepción del hotel. Le guiñé el ojo cuando lo vi entrar y nos dirigimos hacia una sala de juntas, porque ahí no había nadie y era una gran cantidad de dinero la que le iba a entregar.
Me preguntó si esa bolsa tenía el dinero. Le dije que sí, pero que el hotel necesitaba conocer sus datos. Entonces escribió su nombre: se llamaba igual al hijo que había perdí cuando apenas tenía 8 años.
Le pregunté que cómo se llamaba su mamó, a lo que él me respondió que no conocía a su mamá.
Entonces le pedí su acta: tenía el mismo nombre de mi hijo.
Le dije: “Roberto, yo soy tu madre”.
– Disculpe: ¿qué?
-Sí, Roberto, yo soy tu madre: yo te perdí en un centro comercial cuando eras chico, de lo único que me entere fue muchos años después que te habían mandado a un orfanatorio. Pero tenía tanta culpa que no fui nunca a buscarte.
– ¡Sí mamá!, ahí es donde yo estuve.
Me dio un abrazo muy fuerte y me dijo que me fuera a vivir con él. Dejé de ser mucama en el hotel y me fui a Miami junto con mi hijo.

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