La última dama

Por: Natcat

Siempre es la misma vista desde donde estoy colgado, el elegante comedor debajo de mi, rodeado por diez sillas tapizadas color vino. Cuando llega la hora de una merienda, el comedor se ve cubierto por un mantel blanco y adornado con dos platos de porcelana, cubiertos de oro, dos copas de cristal y diversos platillos del chef de la casa.

Mi trabajo como candelabro siempre ha sido alumbrar y obscurecer, alumbrar y obscurecer, pero el señor Darwens lo ha convertido en demostrar y esconder, demostrar y esconder.
¿A qué me refiero? Todos los miércoles a las nueve en punto de la noche el señor Darwens se muestra caballeroso y le abre la puerta a una dama invitándola a pasar y disfrutar de una elegante y lujosa cena, prepara la silla para ella y tras ese acto se sienta él.
La cordial conversación dura normalmente una hora tras cinco diferentes platillos, hablan del clima, gustos de música, arte o incluso de vez en cuando temas políticos, y no es hasta el postre cuando el señor Darwens ofrece a la dama una copa de vino dulce.
Tras el primer trago la dama cae al suelo inconsciente, el señor Darwens toma sus pies y la arrastra hasta la siguiente habitación, es en ese momento cuando apaga mi luz y me vuelve complice de su crimen, ¿pero qué sucede en la próxima habitación?
Se dice que las gotas de sangre han manchado la alfombra algunas veces, o que los gritos se escuchan desde la carretera mas lejana.
Fue el miércoles 28 de agosto cuando el mas mínimo detalle lo cambio todo, pues al final de la mágica velada, mi luz no la apago el señor Darwens, fue la dama quien esta vez decidió buscar venganza por todas las demás y fue así ella la ultima dama.
La voz del señor Darwens no volvió a ser escuchada.
¿Pero quién lo sabe? ¿quién es testigo? Tan solo el candelabro que cuelga viéndolo todo desde arriba.

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