El colmillo de plata

Por: Jumbo CZ

He estado hablando conmigo mismo. Esto me ha estado pasando por mucho tiempo. La soledad y el silencio, son el medio perfecto para que diferentes conciencias aparezcan. Pero tarde o temprano, ese ser que mi mente creó, se volvió real, tan real como la persona que la creó. Es así como comienzo mi historia. Mi nombre es Javier… ¿Qué?… ¡Yo no los maté, fue el perro!… ¡Fue el maldito perro!… ¡Fue el maldito perro!… Disculpen la interrupción, mis amigos estaban gritando, ¡No se Callan… Comenzaré a contar mi historia.

Todo comenzó cuando tenía quince años, vivía en un pueblo en las afueras de Querétaro, mi papá, era un gran terrateniente, tenía una gran cantidad de personas a su disposición. La gente lo respetaba como si fuera un rey y yo sabía que algún día, debía de tomar su lugar. Mi madre murió cuando yo tenía cinco, en consecuencia, mi papá me obsequió un perro; un pastor alemán, la raza más majestuosa e intimidante que existe.

Un día me levanté después de una larga noche de sueño, abrí mi libro para comenzar a leer, cuando de pronto un suave susurro emergió de mi cabeza: “Mátalos a todos”. Naturalmente, mi curiosidad despertó junto con un temor que invadía cada hueso, músculo y cartílago de mi ser. Reuní el valor necesario durante unos instantes, hasta que finalmente pregunté:
-¿Quién eres y qué haces en mi cabeza?
Con un susurro alegre pero a la vez tétrico, él respondió:
-Soy tú, tú eres yo, y nosotros somos los malos.
Seguidamente escuché un centenar de gritos, maldiciones y gruñidos; todos iban dirigidos a mí. Pude sentir el dolor de cientos de víctimas de ese extraño ser, en mi mente aparecieron imágenes horripilantes, cuerpos sin vida y sangre desparramada por todos lados.
Al despertar de ese extraño sueño, tardé unos segundos en recuperar el aliento. Sabía que tarde o temprano debía enfrentarme a esa extraña criatura que me había atormentado desde hacía varias noches atrás.
Bajé a desayunar, ahí estaba mi papá y Caín, mi perro. Lo llamamos así debido a que el maldito asesinó a todos sus hermanos cuando aún era un cachorro, además, pasaba su tiempo matando ardillas y mapaches en el campo. Mi padre insistió que debíamos hacernos cargo del perro, o entonces ¿Quién más podría hacerse cargo de él? Todos los pueblerinos le temían debido a su gran tamaño, su inteligencia y su agresividad.
Habían huevos revueltos en la mesa, mi papá bebía una taza de café, probablemente con licor y tenía entre sus labios un habano prendido. Tomé asiento y me dispuse a beber un poco de leche y comer. No hubo conversación alguna en la mesa.
Me levanté y me dirigí a dar un paseo por el campo con Caín. Me encantaban los bellos paisajes que veía en el rancho. Después de una larga caminata, me encontré con un bosque, y decidí que era buena idea entrar en él. Caminamos en éste durante un largo tiempo… ¿Qué?… ¡Sí,sí!… ¡Les voy a contar la maldita parte interesante!… ¡Cállate!… ¡Cállate!…
En un camino muy angosto en el bosque, había una joven mujer que paseaba junto con sus dos pequeños hijos. La saludé cordialmente como se debe:
-Buenos días, señorita.
Ella no respondió, estaba aterrorizada. Sabía quiénes éramos y conocía la naturaleza de Caín. Seguidamente, Caín atacó a la señora. Sus dos hijos no paraban de llorar, pero Caín estaba decidido a arrancarle el brazo a la joven. Traté de detenerlo, jalé desesperadamente de la correa, pero mi fuerza no se comparaba a la suya. Mientras aquella señorita aún gritaba, el maldito perro mordió su cuello, sus dientes atravesaron la carne como si fuera mantequilla. Cuando éste hubo terminado con su cometido, continuó con sus hijos pequeños. Tiré de la correa lo más fuerte posible, pero terminé en el suelo.Lamentablemente, tuvieron el mismo destino que su madre.
Camine rápidamente rumbo a mi casa para avisarle a mi papá la tragedia, ya que la mujer trabajaba para él. Al llegar a casa, me dirigí al despacho de mi papá lo más pronto posible.
Al abrir la puerta mi papá estaba sentado como siempre, con una botella de mezcal y un habano. Me miró seriamente y me dirigió una pregunta:
-¿Qué hiciste?
Alterado, respondí:
-¡Caín asesinó a una señora y a sus hijos!
Mi papá riendo nerviosamente aclaró:
-¡Caín era tu amigo imaginario cuando eras pequeño!
-¡No es cierto, fuimos a caminar al bosque!- Respondí errático- ¡Sólo fuimos a caminar!
Mi papá me bombardeó con otra pregunta:
-¿Por qué tienes la ropa manchada de sangre?.
-¡Fue el perro, fue el maldito perro!- Respondí furioso señalando al perro, pero cuando dirigí mi mirada hacia él, ya no estaba. Mi papá enloquecido reveló:
-El perro nunca existió, siempre fuiste tú, ¡Mataste a tus hermanos cuando eras niño y después de eso tu madre se suicidó, tengo razones para creer que tú mataste a la señora y a sus hijos!
En un abrir y cerrar de ojos, Caín se lanzó sobre mi papá y con un rápido movimiento mordió su cuello. Podía ver cómo la sangre corría rápidamente por todo su cuerpo. En ese momento las infames imágenes estaban de regreso, esta vez con más claridad. De nuevo, ví cadáveres sangrientos y víctimas en agonía, pero en estos recuerdos, yo era el depredador.
Recordé el día cuando maté a mis hermanos. Recordé la sangre, la agonía y recordé el maldito cuchillo de plata, el mismo cuchillo que usé para asesinar a la joven, a sus pequeños y a mi padre. Después de la revelación, Caín y yo, nos echamos a reír a carcajadas, como si siempre hubiéramos sido buenos amigos.
Desde entonces, estoy encerrado en este manicomio… ¡Las imágenes no se detienen ni por un maldito segundo!… ¡Las malditas voces no paran!… ¡No se detienen nunca! Todas gritan:
-¡Asesino!… ¡Tú nos mataste!… ¡No mereces compasión alguna!… ¡No mereces el perdón de dios!…

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