El reflejo de la muerte

Por: Principito

Desperté en un hospital, no sabía que pasaba, cuando abrí los ojos vi a dos personas, sentí algo dentro de mí, una emoción muy extraña y satisfactoria. Segundos después la emoción se transformó en una distinta: apagada y nada gustosa, las dos personas enfrente mío empezaron a llorar, poco después me metieron en una especie de caja y pusieron algo en mi nariz, sentía que algo malo estaba pasando, algo terrible en realidad.

Llevo tiempo en este hospital y solo hay dos personas, las mismas que el primer día. Me siento un poco mal, pero he estado mirando el reflejo de la caja y me veo muy pequeño, como muy chiquito. Parece ser que tengo dos tubos en la nariz y por ahí siento el aire pasar. Escucho voces, no entiendo nada de lo que hablan, solo sé que no estoy muy bien y que la gente que me ve está angustiada.
De pronto algo pasó. Me trasladaron a otro lugar.
Ahí, cada día que pasa conozco a más personas y pruebo cosas deliciosas, todo es tan exquisito que parece falso. Pasó demasiado tiempo hasta que logré salir de esa caja. Pero por fin salí de esta pesadilla, y en el momento que me fui ya no estaban esas dos personas que lloraban tanto por mí. No las he vuelto a ver jamás.
Empecé a explorar el mundo y me sentí un poco indefenso, pero toda la gente era amigable, yo veía que se ayudaban entre ellos y eso me daba seguridad. La vida me sonreía, por fin era libre y feliz. Acepto que presentía que algo me faltaba, aunque intenté no darle mucha importancia. Seguir mi camino y no parar.
Para mí un día normal consistía en despertarme muy temprano, desayunar mis clásicos hot cakes con algo de leche, ir a la granja con los animales y jugar ajedrez con mi amigo Yair; comer con la gente de trajes blancos y al final del día descansar. Realmente mi vida era muy feliz, pero siempre mantuve esa incertidumbre sobre qué habría pasado con aquellas personas que lloraban tanto en el hospital.
Un día me determiné a encontrar a esos extraños. Sentía la necesidad de hablar con ellos, de conocer sus nombres, saber a qué se dedicaban. Sabía que había un misterio, ¿por qué lloraban por mí?, y ¿por qué yo estaba encerrado en una caja de cristal? Me acerqué con Yair con el que pasaba gran parte de mi día y le pregunté:
– ¿Cómo puedo encontrar a esas personas?
Comprendió a la perfección y me miró con ternura.
– Será una tarea difícil, pero para hacerlo, tendrás que encontrar primero unos objetos. Si quieres encontrar tus respuestas esta es la única solución. Busca la cobija azul que está guardada en tu armario, la pulsera de cuentitas en la que está escrito tu nombre y, por último, busca todo recuerdo en tu memoria y piensa mucho en el perdón…
– ¡Gracias Yair, muchas gracias!, pero ¿qué hago con todo esto?
– Cuando los reúnas, es necesario que leas un libro de rezos.
Terminé más confundido de lo que estaba. Reunir la cobija y la pulsera fue fácil. Cuando las tuve entre mis manos sentí apego por ellas. Sabía que me pertenecían. Por otra parte, y aunque tenía muy pocos recuerdos, tenía presente que los ojos de aquella mujer que lloraba eran muy parecidos a los míos, y que el hombre que la acompañaba tenía mi mismo color de cabello. Con respecto al perdón, aún ahora no sé qué decir, después de todo ¿quién soy yo para perdonar?
Poco tiempo después me retiré a mi cuarto. Me sentía raro, pero más fortalecido, me encontraba en paz.
De pronto escuché que alguien me llamaba por mi nombre y lo siguiente que supe es que estaba en un cuarto blanco, donde una voz me dijo:
– Por favor, pasa -.
Vi a un señor muy viejo y con mucho cabello, de barba frondosa, blanca y perfecta. Estar a su lado me transmitió una sensación de paz, así que le pregunté sobre estas dos personas del hospital.
– “Déjeme ver, ¡ah sí! Tú eres el bebé famoso” me dijo -.
– ¿Por qué famoso? Pregunté -.
– Mire no es la más bonita historia, pero bueno, te la tengo que contar. Esas dos personas eran tus papás, Yael y Alan, tristemente fuiste un accidente, al menos para ellos, estaban muy jóvenes y no sabían si te podían criar, pero a pesar de que no te esperaban, ambos quisieron tenerte y te quisieron cuidar. Cuando estabas listo para salir del hospital te llevaron a casa, pero trágicamente te les caíste al suelo, hicieron todo para salvarte, incluso te alcanzaron a llevar al hospital, pero nada pudo hacerse. Sentían culpa, mucha culpa y dolor, mucho arrepentimiento, pero no pudieron hacer nada y te colocaron en una caja de cristal -.
– Pero ¿cómo, por qué me les caí, por qué no tuvieron cuidado?, ¿cómo pudo suceder eso? -.
– Así pasa a veces, los accidentes suceden y ellos te sufren todos los días, no te dejan de extrañar -.
Me quedé atónito, no sabía qué sentir, qué pensar; estaba muy triste, quizás por eso los encontraba todo el tiempo en mi memoria, quizás por eso, tampoco de ellos yo me lograba olvidar…
Espero que mis padres retomen su vida, me gustaría bajar a saludarlos, a decirles que estoy bien, a darles un abrazo y a mostrarles el color de mis ojos y de mi cabello. Me gustaría visitarlos para imaginarme cómo hubiera sido mi vida junto a ellos.
Pero no puedo, no me dejan, simplemente no puedo…
Pero así es la vida, dice Yair que así es la vida, pero… ¿Así es la vida?, no lo sé, no tuve tiempo para saberlo, me vine al cielo desde muy pequeño y quizás por eso, nunca lo logre recordar…

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