Capturada por Venganza

Por: Anónimo

No podía recordar qué es lo que había pasado, me dolía mucho la cabeza y estaba muy incómoda; poco a poco, comencé a abrir los ojos y me di cuenta de la horrible realidad en la que me encontraba… estaba atada de manos y pies a una silla, en un lugar muy pequeño y totalmente oscuro.

Intenté recordar qué era lo que había pasado, pero no me venía nada a la mente; solamente recuerdos fugaces, un golpe, una bebida, alguien me arrastraba, pero nada era lo suficientemente nítido como para saber si se trataba de algo verdadero o sólo era mi imaginación. Empecé a tratar de moverme de un lado a otro, intentando desatarme con todas mis fuerzas, pero lo único que logré fue apretar más las sogas; en un último intento por desatarme, me incliné demasiado a la derecha y la silla se volteó y cayó; mi cabeza se golpeó fuertemente con una mesa que estaba a mi lado; de repente, escuché una puerta que se abría, pero antes de poder enfocar alguna imagen y de entender que pasaba todo se volvió negro…

Poco a poco me fui despertando, intenté dar una vuelta en la cama, pero no pude porque seguía atada. Tristemente me di cuenta, que lo que me sucedía no era un sueño, todo era real. Me empezó a punzar la cabeza, pero ignoré el dolor, la única diferencia era que ahora estaba atada a una cama en lugar de a una silla y que había un hombre parado frente a mi, al otro lado del pequeño cuarto. Estaba tan asustada, que me quedé paralizada, quería gritar, pero no pude, pues me di cuenta que mi garganta estaba totalmente seca, ¿hace cuánto que no tomaba agua? Me pude sentar de golpe, intentando alejarme de él, pero las correas me lo impidieron y por ese pequeño movimiento, mi cabeza volvió a dolerme. Me le quedé viendo fijamente, se parecía mucho a mí sólo que unos años menor, más alto y con pecas en la cara; en eso, él me volteó a ver y me sonrió, se acercó despacio a mí y me tendió un vaso con agua. No le podía quitar la vista de encima, y moría de ganas por beber el agua, pero no lo hice. Su sonrisa me daba escalofrío. Fue entonces cuando me dijo: “Toma, seguro tienes sed, ya pasaron dos días desde que quedaste inconsciente”. Con miedo, tomé el vaso con agua de sus manos, todavía no estaba segura de bebérmelo, así que solamente lo sostuve. Tuve que hacer varios intentos, pero al final le pregunte: “¿Quién eres tú? ¿Qué hago aquí?, me quiero ir a casa”. Sin aguantar, las lágrimas empezaron a correr por mi cara, intenté restregármelas antes de que el chico lo notara, pero no sirvió de nada. Sentí que su mirada se ablandaba un poco, pero su voz sonó dura cuando me contestó: “Tienes algo que de alguna manera me pertenece, así que te quedarás aquí hasta que me lo des o hasta que me lo digas. Te busqué por muchos años y ahora que te encontré y que estás aquí, por fin podemos volver a estar juntos”. Desesperada intenté pararme nuevamente de la cama, pero las correas me lo volvieron a impedir. Yo lo volteé a ver con una mirada suplicante y le dije: “Por favor, no tengo idea de lo qué estás hablando, pero te daré lo que sea, sólo déjame salir de aquí”. Soltó una carcajada irónica y se encaminó hacia la puerta. Antes de salir me dijo: “Ya veremos”, cerrándola detrás de él.

Después de unos minutos mi respiración comenzó a tranquilizarse, cuando me repuse un poco, empecé a asimilar qué era lo que había pasado… me habían capturado hace más de dos días y había un chico loco que quería algo de mí, pero yo, no tenía idea de qué se trataba. Volví a ver el vaso con agua y decidí bebérmelo. Cuando me sentí un poco mejor, analicé mi situación, tal vez, en el pequeño cuarto podría encontrar algo que me ayudara a salir de allí. En el buró a un lado de la cama, se encontraba un pequeño abre cartas, batallando logre alcanzarlo y con fuerza, corté las correas con las que estaba atada. Sobándome las muñecas, me acerqué a la puerta para ver si la podía abrir con el pequeño cuchillo. Después de estar un rato intentándolo me di por vencida, la única manera de abrir la puerta era con una llave, la cual yo no tenía. Abatida y triste me acurruqué en la esquina del cuarto y me solté a llorar.

Agotada por los sucesos de ese día, y con dolor en el cuerpo por las horas que había pasado acurrucada, me levanté muy despacio y sin fuerzas y me fui a acostar a la cama. Quería olvidar por lo que estaba pasando y en el intento, me quedé dormida profundamente.

Me encontraba en la azotea de mi casa, tenía 5 años y estaba jugando con mi hermano pequeño; nos encontrábamos recargados en un barandal de vidrio, tratando de encontrarle formas a las nubes. Después de un rato nos aburrimos y decidimos ir a jugar con la pelota. Como no nos poníamos de acuerdo con cual pelota jugar, mi hermano tomó mi pelota favorita y la aventó. Yo le grité que la dejara y lo empecé a perseguir, él se subió rápidamente a un banco para que yo no lo pudiera alcanzar; como no me la quería dar, intenté arrebatársela y en el forcejeo, sin querer lo empujé, el vidrio se rompió y mi hermano se cayó hacia atrás. Me quede paralizada y con la vista nublada. Escuché una puerta azotándose y en eso vi a mi madre gritando, me armé de valor y me asomé. Había mucha sangre por todas partes, mi hermanito estaba inerte en el suelo y mi madre lloraba sobre él, cubierta de sangre también…

Me desperté jadeando y empapada en sudor y lágrimas. Intenté calmarme pero no lo logré; hacia mucho que no tenía esa pesadilla de mí hermano, ya habían pasado 10 años desde el accidente y creía que ya lo había superado, pero me di cuenta que al parecer no era así. Me levanté de la cama y me asomé por la ventana, toqué la pulsera que traía puesta, se había convertido en una costumbre, cada que me sentía desesperada o devastada, la tocaba y me tranquilizaba. Luego de tranquilizarme un poco, me senté un el piso y recargué la cabeza en la pared, me puse a pensar, ¿qué había sido diferente esta vez en el sueño de las últimas veces? Me di cuenta que todo se había visto más nítido y con muchos más detalles, como si volviera a estar ahí.

Ahora estaba parada viendo el jardín por la ventana, cuando escuché que la puerta se abría, esperé hasta que se cerrara para voltearme. Nuevamente quedamos viéndonos fijamente, hasta que él rompió el silencio y me dijo: “¿Escuché que llorabas, quieres hablar de eso?” Lo volteé a ver con odio y con ira y le contesté: “No es tu problema y no quiero hablar de eso, ni contigo ni con nadie”. Su mirada se endureció, se acercó a mí, me empujó con fuerza contra la pared, y sin dejarme salir me dijo: “Me vas a decir, por las buenas o por las malas por qué lloraste”. Empecé a temblar por el miedo y el susto, me tomó de las manos y me las sostuvo contra la pared. Poco a poco, empecé a balbucear: “Yo… bueno… es que… en un sueño…” No pude decir más, me vio con una mirada dura y comenzó a gruñirme, me armé de valor e intenté volver a empezar: “Yo… pues bien… hace años estaba jugando con mi hermanito, él se cayó por la azotea y murió… yo no pude hacer nada”. Se acercó a mí todavía más, y me susurró a la oreja: “Pero eso no es todo, ¿verdad? ¿Por qué no me dices lo que falta? Lo que has temido decir toda tu vida, dilo”. Empecé a llorar, no quería que me viera así, que pensara que soy una persona débil, pero no me aguanté, negué con la cabeza, me rehusaba a decírselo, pero me sostuvo con tal fuerza contra la pared y me gritó: “¡Dilo… Dilo!”. Al final, lo grité con todas mis fuerzas: “Si… Fui yo, fue mi culpa, yo lo maté”. De repente abrió mucho sus ojos y me soltó aventándome, caí al piso llorando, en eso me dijo: “Y… la pulsera ¿de donde la sacaste?”. Creo que quise escuchar algún sentimiento en su voz, pero no le puse mucha atención, sin ganas de pelear y ya sin fuerzas le contesté: “Era la pulsera favorita de mi hermanito, no me la he quitado desde que murió”. Escuché cómo se alejaba de mí y cómo cerraba la puerta, dejándome encerrada otra vez; hasta que dejé de escuchar sus pasos, me derrumbé en la cama y me puse a llorar con desesperación y sin consuelo.

Cuando pareció que ya no había más lágrimas en mi cuerpo, ya no tenía más fuerzas para llorar, estaba furiosa, quería salir de ahí, quería acabar con él, quería no ser tan débil. En mi desesperación, tome un jarrón que encontré sobre la mesita y lo aventé contra la puerta, me sobresalté cuando se rompió en mil pedazos, al segundo me olvidé de mi enojo y me arrepentí de haberlo aventado, intenté limpiar el desastre que hice, pero cuando empecé a recoger los pedazos, encontré una pequeña llave entre los escombros. Me sorprendí y la tomé, emocionada la probé en la puerta y por más que sabía, que seguramente no abriría, me sentí decepcionada cuando efectivamente no abrió.

Me paré frente a la ventana, cerrando mis ojos y soñando que salía de ahí y que era libre, cuando abrí los ojos, vi una puerta reflejada en la ventana, me volví a ver la pared, pero estaba completamente lisa, creyendo que esto era parte de mi imaginación volví la cara hacia la ventana y ahí estaba, nuevamente reflejada la puerta. Esperanzada, comencé a caminar lentamente para atrás, sin perder de vista en la ventana el reflejo de la puerta, cuando llegue hasta la pared, guiándome en el reflejo intenté meter la llave en la cerradura, efectivamente ahí había una puerta secreta. Salté de alegría y sin pensarlo, abrí la puerta y me entré en el oscuro pasillo, cerrando la puerta detrás de mí.

Caminé por el pasillo a oscuras, poco a poco, empecé a correr temiendo que alguien descubriera que ya no estaba en el cuarto antes de que estuviera lejos de ahí. Llegué jadeando al final del pasillo, con cuidado abrí otra puerta y salí al exterior, el sol me pegó fuertemente en la cara, lo sentí como si fuera la primera vez que lo sentía, como si fuera la primera vez, en mucho tiempo, que estaba al aire libre, lo había conseguido. Como loca, comencé a dar saltos de alegría y me tumbé en el pasto a dar vueltas. Mi sueño perfecto, no duró mucho más, pues escuché que alguien gritaba mi nombre, en este momento, mi fantasía se rompió y regresé a la realidad. Me paré de un solo golpe y empecé a correr. Corrí con todas mis fuerzas, intentando sacar ventaja.

Escuché como una puerta se azotaba y cómo alguien gritaba mi nombre con furia y odio que no me parecieron humanos. Corrí con todas mis fuerzas, creyendo que nadie lograría alcanzarme pero unos segundos después, sentí como me jalaba hacia atrás con una fuerza que definitivamente no era humana. Me caí al suelo, mientas alguien me daba la vuelta, intenté soltarme pero fue en vano y le grité: “¿Qué pasa? ¿Qué te hice yo? ¿Qué quieres de mí? Me volteó a ver y me di cuenta que había cambiado su aspecto, ya no era el chico bien parecido que me había capturado, sus ojos eran completamente negros, como uno pozo sin fondo, ahora le veía que tenía unos colmillos que no habían estado ahí antes y su piel estaba más pálida. Con una voz llena de odio me dijo: “Gracias a ti ya no estoy en éste mundo, tu fuiste parte de mi muerte hace muchos años”. Desesperada y confundida lo volteé a ver y le dije: “De qué estas hablando, yo…” en eso le vi una pequeña mancha de nacimiento en el cuello, sólo había visto esa mancha en una persona muchos años atrás, era una mancha que siempre aparecía en mis pesadillas, llena de sangre, era la mancha de nacimiento que tenía mi hermano. Desesperada, intenté soltarme de sus manos y alejarme de él, pero sin ningún esfuerzo, me arrastró de regreso a la casa. Comencé a gritar pidiendo ayuda, pero nadie logró escucharme, estaba sola. Cuando llegamos a la entrada de la casa, él abrió la puerta y antes de entrar me dijo: “Así es hermanita, llevo muchos años intentando cobrar venganza, pero valió la pena, al final estaremos juntos tú y yo”. Lo mire horrorizada y suplicante, pero de un tirón me metió a la casa y cerró con fuerza la puerta detrás de mí.

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