De lo malo lo mejor

Por: Arito de cebolla

Un día estaba caminando por la calle, encontré un vecindario nuevo, el cual llamó mi atención. Decidí ir a investigarlo, cuando de repente me dio curiosidad una casa que se encontraba al final de la calle. La fachada de la casa era extraña y diferente a las demás casas y edificios. Era muy grande, con ventanas rotas y de colores, puertas de madera desgastada y a punto de romperse. Con casi nada de iluminación y dentro se oían ruidos extraños.

No obstante a eso, decidí entrar. En ese momento, un miedo extraño se apoderó de mí, pero algo adentro de mí ser, el espíritu valiente, deseó entrar.
Al ingresar, observé cosas raras, olores peculiares, colores llamativos y ruidos extraños. Cada paso que daba rechinaba la madera, la cual tenía manchas extrañas y hoyos peligrosos.
La casa tenía pasillos interminables en forma de laberinto, cada uno con un color distintivo. Decidí entrar al camino verde, ingresé y me empecé a dar cuenta que había puros árboles talados, fauna en peligro de extinción, mares, ríos y lagos deshidratados, y al final una pócima de color verde. Esta la agarré, la guardé y me la llevé. Pero decidí regresarme y entrar a otro camino.
Estaba por entrar al rojo, pero me llamó la atención el pasillo azul. Empecé a caminar por un cielo infinito, en el cual observé gente importante. Hacia el final una pócima de color azul. En este también decidí regresarme. Al momento de regresar, decidí ahora si entrar al laberinto rojo.
En este extraño pasillo al momento de entrar vi un mundo destruido con personas en la calle sin comida ni un lugar para resguardase, debajo de la basura encontré una poción de color rojo. Regresé a la entrada y decidí tomar otro camino.
Vi un pasillo amarillo que me pareció interesante, sin embargo entré y percibí la maldad de la gente. Las personas se aventaban cosas, gritaban cosas obscenas, había robos y maltratos. Este pasillo me pareció diferente a los demás porque ya no existía naturaleza, gente importante ni trabajo. Este pasillo se relacionaba con los anteriores por la destrucción y todos los daños que habían. Al final también encontré una pócima.
Guardé todas las pócimas en un morral y pensé que sería lo adecuado, para hacer con ellas.
Me dirigí a la cocina y observé una olla con gran profundidad, decidí mezclar todas las pócimas que encontré en los pasillos.
Al momento de mezclar todas las pócimas se separaron por colores y observé el mundo a través de ellas. En el color verde se veía un bonito y cuidado bosque. Los árboles tenían ramas y hojas, los ríos y lagos con caudalosas aguas y los animales con una casa para vivir.
En el color azul observé líderes que han cambiado al mundo de forma espiritual y positiva.
En el color rojo observé un mundo con educación y trabajo, personas con oportunidades de cambio y un futuro con buena calidad de vida.
Y por último en la mezcla amarilla vi los valores en las personas, tales como el respeto, la bondad y la empatía.
Cada pócima era el potencial que tiene y que le debemos sacar a este mundo, pensé que al derramar cada pócima en cada uno de los laberintos, podría hacer el cambio para tener un mundo mejor, con más calidad de vida y posibilidades para todos nosotros.
Me dirigí a cada laberinto y derramé la pócima que le corresponde a cada uno.
Al momento de echar las pociones, el mundo obscureció y al amanecer vi un cambio radical que me invitaba a vivir en un mundo mejor.
En el verde ya no había deforestación ni animales en peligro de extinción, todo era casi perfecto.
En el azul líderes de cambio positivo y un mundo democrático.
En el color rojo era un mundo sin pobreza, con educación y trabajo bueno.
Y por último el amarillo, un mundo con valores, empatía, respeto y compañerismo. Las personas se ayudaban, se querían y se apoyaban.
De esto aprendí que el mundo tiene un gran potencial y que en el interior de una fachada no agradable siempre hay cosas que se pueden rescatar y arreglar. Se convirtió en un mundo maravilloso en el que todos tenemos y debemos de cuidarlo.

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