Tikochin

Por: AZA

¿Quién lo diría?… estoy aquí, aquí donde ellos cayeron, donde la comunidad de Tik Tin tuvo su fin.
En un principio estoy un poco confundido, literalmente solo estoy entendiendo que vamos camino al bosque a ver las fosas donde esta comunidad murió.
Mientras más me adentro en el bosque el sonido de los árboles se empieza a intensificar.
De pronto un silencio abrumador se percibe en todo el bosque y solo se oyen nuestros pasos.
Sigo caminando y ahí está, en el fondo del bosque, iluminadas por intensos rayos de luz las tres fosas comunes, en las cuales los nazis lograron acabar con la comunidad judía de Tik Tin.
Todos nos abrazamos como hermanos, no importa si no conoces al de a lado y todos juntos en una sinfónica melodía que logra comunicar al bosque y a las almas que estábamos ahí presentes, decimos Kaddish y de pronto un viento sacude las copas de los árboles haciéndolos sonar una y otra vez, transportando una energía que nos llega al corazón.
Me concentro en el Kaddish y empiezo a imaginarme, ¿será que ellos se pudieron despedir de sus familias? ¿será que ellos pudieron dar un último abrazo? ¿será que ellos pudieron decir un último té amo?
Esto me lleva a pensar en mi familia, en mis amigos, en la gente que quiero.
Me doy cuenta de lo afortunado que soy y me doy cuenta de que aunque creamos que tenemos la vida ganada, ésta puede derrumbarse en cualquier momento.
Ahora sé que esta batalla entre la vida y la muerte solo puede ser ganada agradeciendo, apreciando y aprovechando cada cosa que tengo, cada oportunidad que se me presente, cada persona que esté o no esté involucrada en mi vida. Cada amanecer, cada atardecer, cada cumpleaños, cada momento, cada abrazo, cada beso, cada lágrima, cada sonrisa, cada experiencia porque en el momento que dejemos de agradecer, apreciar y aprovechar perderemos la batalla.

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