Las ventajas de ser hija única hasta los 12…

Por: Coqueta

Mientras jugaba en el kinder con mis amiguitas, la vida pasaba y pasaba. Ellas y yo íbamos creciendo poco a poco; sus familias iban aumentando, pero la mía no. A pesar de todo, yo era una niña muy feliz, porque siempre era el centro de atención de mis padres y abuelos, tenía muchos privilegios materiales y era la más consentida de todos.
Ahora que estoy sentada, pensando en mi escritorio y escribiendo en mi computadora, me pregunto a mí misma: ¿Qué tuvo de bueno haber sido hija única durante 12 años?
En realidad tuve muchos privilegios y momentos inolvidables, pero también hubo muchas tristezas. Cada día suplicaba a D-os que me mandara hermanos, pues tenía envidia de mis primos y mis amigas, cuando los veía siempre acompañados y que se podían divertir con sus hermanos.
Pasaban y pasaban los años y no había noticias de que fuera a dejar de ser hija única; todos los días mis papás sufrían, lloraban; yo los apoyaba pero tambíen sufría junto a ellos. Mis papás viajaban mucho para realizar tratamientos, pero no funcionaban y mis abuelos me cuidaban.
Cuando tenía 11 años, empecé a sospechar que mi mamá estaba embarazada porque todos los días se sentía mal, estaba cansada y tenía muchas náuseas.
Llegaron las vacaciones y mis papás tenían un viaje preparado para mí. Cuando llegamos a nuestro destino, me dijeron que me tenían preparada una sorpresa. Me preguntaron si me imaginaba lo que era, pero yo no tenía idea. Empecé a imaginar muchas cosas: una muñeca, un perro, un juguete nuevo, un oso de peluche… hasta que se me iluminó la cara y con una sonrisa en la boca, pregunté: “¿Un bebé?”. Mis papás, con lágrimas en los ojos, me contestaron sí; nos abrazamos y, después de 10 minutos, me dieron la noticia de que, en realidad, no nada más iba a ser uno sino dos Empecé a llorar de emoción. Fue el viaje más feliz de mi vida.
Los meses pasaron lentamente; dia a dia esperaba la llegada de mis hermanitos.
Una noche, cuando el embarazo de mi mamá todavía no llegaba a su fin, inesperadamente ella no se sintió bien y mis hermanos tuvieron que nacer de emergencia; nacieron muy prematuros, tuvieron que estar tres semanas en la incubadora.
Esos días para mí, fueron interminables hasta que, por fin, Linda y Abraham llegaron a la casa.
Ahora ellos ya tienen 4 años; he vivido muchos momentos increíbles con ellos; me han cambiado la vida para ser más feliz, los amo con toda mi alma.
Ahora que ya estoy terminando de escribir, me doy cuenta de que, en mis primeros 11 años, claro que hubo privilegios, pero hubiera preferido que mi familia fuera como ahora es.
Gracias a D-os por la familia que ahora tengo.

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