Danza social

Por: Bailarina de las sombras

Ha sido tiempo desde que tengo una conversación casual. Que no se malentienda, saludo a los maestros y a mi familia, hago todo lo necesario para aparentar que las cosas siguen bien. Me he convencido de que todo sigue bien. Sin embargo, mis sentimientos parecen haberme abandonado, no encuentro de dónde aferrarme ni con quién hablar.
Los pasados días me he dedicado a estudiar a mis compañeros, es hipnotizante cómo danzan al ritmo de una estructura social. Cada paso que dan es una muestra más de la clase que perdí: ¿Cómo encajar?. A cada nota puedo escucharlos hilar frases que jamás encontré. Entre todos forman una de las melodías más complejas que jamás he escuchado, y me pregunto cuál es mi lugar en ella. Sin importar lo exhaustiva que ha sido mi búsqueda, no encuentro un momento de silencio dónde comenzar a tocar.
Aprendí que la música no está en los silencios, como muchos sabios profesan. Sino que en el ritmo, en el compás. Sin él las personas no podrían bailar. Todos continúan su danza. Algunos son estructurados en su vals, otros parecen ser más libres. Todos siguiendo el estruendoso undostres, undostres.
Varios días noto cuando alguien se tropieza o pierde el ritmo. Me he cachado esperando que no logren recuperarse, que volteen hacia atrás. Más, tras pocos segundos, ellos retornan a su danza, encontrando el compás. Otras veces, me ha sido posible divisar a alguien como yo. Quieto, perdido, arrítmico.
He pasado horas atascada, intentando averiguar las acciones que debería efectuar para llamarle la atención a mi igual. Aquella persona que refleja mis sentimientos. Parece estar igual de perdida, carente de sostén. He notado que mira a un punto fijamente ¿Será que encontró a otro como nosotros? ¿Podría ser que alguien me mira a mí de esta misma manera?
Recuerdo cuando éramos más pequeños, cuando nadie bailaba en un compás. Los pasos eran intrépidos y espontáneos. Se creaba una belleza natural, meramente pura. Ahora, la música es una marcha, la danza es robótica, y algunos autómatas salieron defectuosos.

– ¡Hey! – escucho una voz desde atrás. Esta vez no dudo, doy media vuelta y encuentro a alguien especial. Parece estar bailando, sus pasos no concuerdan con los que conozco. Sin embargo, concuerdan con los que encuentro en mí.

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