Encontrando tu estrella del Norte

Por: Bailey

Esta historia comienza con Raquel, una adolescente de 17 años que fue a un curso de verano en Canadá, donde aprendió muchas cosas que no sabía de ella misma…
Todo era de maravilla, conocí a personas muy buenas que se habían convertido en mis nuevos amigos. Todo era normal hasta que entré a una clase, nunca me imaginé lo que iba a ser, no pensé que fuera a ser algo de tanta importancia.
Entré y había una maestra sentada en una silla con una sonrisa de lado a lado. Lo primero que dijo fue que tomáramos nuestros celulares y pusiéramos la cámara en modo selfie para vernos a nosotros mismos, nos dijo que no volteáramos a ver nada más, solo concentrarnos en nosotros por dos minutos. Esos minutos fueron los más largos de mi vida, nunca pensé que verme a mi por un tiempo fuera tan difícil. Suena como una cosa sencilla, pero en el momento es algo sumamente desesperante. Mientras corrían esos dos minutos vi todos mis defectos físicos, pero también los psicológicos, por más que intentaba no veía muchas cualidades.
Acabó el tiempo y la maestra nos dividió en parejas para la siguiente actividad. Ya que estábamos separados nos dijo que con nuestra pareja nos hiciéramos preguntas personales. Algunas de ellas eran: ¿Por qué te presionas tanto a ti misma?, ¿Qué cambiarías de ti?, ¿Cuál es tu mayor miedo?, ¿Eres feliz?, ¿Cómo te describirías en 3 palabras?, ¿Realmente confías en la gente?, ¿Te importa lo que opinen de ti?
En ese momento entendí que no me conocía completamente y que esas preguntas en realidad nunca me las había hecho. Me di cuenta que muchas veces es muy duro conocerse a uno mismo entrando en lo más profundo de uno.
Después de esto la última parte de la clase era pensar en un sólo deseo que le pediríamos a una hada madrina. Me puse a analizar qué es lo que me gustaría tener y lo que escribí fue: quererme a mi misma. Cada quien tuvo que pasar al frente a compartir su deseo. Algunos lloraron cuando pasaron y pensé que era muy exagerado, pero al pasar intenté contener mis lágrimas, no pude.
Al pensar en todo esto entendí que mi deseo en realidad no era para que una hada madrina lo cumpliera. La única persona que lo podía hacer era yo.
Esta experiencia me llenó de conocimiento y enriquecimiento y me hizo darme cuenta que las demás personas también tienen los mismo problemas que uno y que cada quien es único. Por eso desde ese momento comencé a trabajar en mi misma, a entender lo que pienso y cómo me siento para así algún día poder aceptarme y quererme por completo.

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