Jugando en aguas profundas

Un extraño día en julio llovía a cantaros. Mike y Emilia jugaban afuera a saltar en los charcos y a lanzar piedras al lago, cuando algo pasó y la tercera piedra rebotó de regreso y los mojó. Algo muy raro estaba sucediendo, el agua se volvió de un color oscuro, y ellos sintieron que su cuerpo era más pesado, sentían que les costaba trabajo mantenerse despiertos.

En eso una voz sonó a lo lejos, era una voz fuerte que provenía de un viejito con una ropa muy maltratada y estaba completamente sucia, tenía una playera blanca y unos pantalones azules, se veía un poco enfermo, ya estaba grande.
Los niños sorprendidos trataron de huir, pero se quedaron mirando un poco y se dieron cuenta de que el viejito estaba parado sobre el lago. Era muy raro porque no se estaba hundiendo.
-¿Como es qué esta parado ahí sin que se moje o se hunda? -pregunto Emilia- volteando a ver a Mike.
Mike sintió como que el agua lo llamaba, caminaba recto sin voltear atrás. Emilia lo llamaba pero no respondía. Cuando Mike tocó el agua cayó rápidamente, parecía como que el lago lo había tragado o algo así. Emilia muy espantada brincó para allá sin pensarlo dos veces.
Entonces los hermanos cayeron muy fuerte hasta el fondo del lago, y Mike seguía sin reaccionar.
Sus ropas estaban completamente secas, era como si no estuvieran en el agua, hasta podían respirar.
Pero eso no era tan extraño, lo era aún más, que había todo un mundo debajo.
Cuando Mike por fin reaccionó, gritó:
-¡Ahí está otra vez el viejito! Pero ahora estaba aún más cerca, caminaba hacia ellos con mucha seguridad, y al llegar hasta donde estaban comenzó a explicarles:
-Ustedes se encuentran en el mundo “Sin Fin”, mejor dicho, “Mi mundo”. Aquí todo es como yo digo.
-Y, ¿qué hacemos aquí? -pregunto Emilia un poco inquieta.
-¡Los escogí yo para que vengan a ayudarme! -más bien para que me acompañen por siempre-pensó el viejito.
-Y exactamente ¿en qué quieres que te ayudemos? -preguntó Mike.

-Como pueden darse cuenta yo soy el rey de este mundo, y necesito que me ayuden a buscar unas perlas que me robaron -dijo el viejito.
-Y ¿para que las necesita? -preguntó Emilia.
-Espera un minuto -dijo el viejito-, y ¿quién rayos eres tú? yo no te escogí a ti, yo solo escogí al niño.
Emilia no supo que responder y en ese segundo se le vino a la mente que ella no sintió en ningún momento que el agua la llamara como a Mike; supuso que fue eso.
-Bueno, ¿qué más da?, ya estás aquí!! -dijo el viejito con una voz un poco sarcástica.
Mike extrañado se preguntaba por qué lo había escogido precisamente a él.
Entonces el anciano los llevó a su palacio para que puedan agarrar lo necesario para empezar con la búsqueda de las perlas robadas.
Mientras los niños se preparaban para empezar la misión, el anciano se encontraba ideando un plan con su amigo el caballito de mar.
Cuando los niños salieron del cuarto principal para ir a donde se hallaba el anciano, lo alcanzaron a escuchar hablando con el caballito de mar y ahí descubrieron que todo era un plan para atraparlos a ellos y que lo de las perlas era solo una distracción.
Los dos niños estaban parados afuera del cuarto escuchando toda la conversación, cuando sin querer Emilia se tropezó con una mochila que estaba ahí en el piso, llamando la atención del anciano quien se dio cuenta de que habían escuchado todo el plan.
El viejo inmediatamente los encerró en una jaula para así evitar que escaparan, y una vez ahí les explicó:
-Yo les lancé aquella piedra para obligarlos a venir!
-Pero, ¿para qué nos quieres? ¡Contéstanos sin mentiras! -exclamó Emilia.
-Lo que pasa es que yo nunca tuve hijos y necesito que cuando yo me muera alguien tome mi lugar en el trono, por esa razón los quiero aquí -dijo el anciano.
-¡¿Cómo?! Pero yo no puedo quedarme a vivir aquí, tenemos familia y amigos, y además está la escuela -dijo Mike.
-No les estoy preguntando, ¡no los pienso dejar ir! -dijo el viejo con una voz franca.
Los niños espantados comenzaron a rogar, cuando a Mike se le ocurrió la idea de que por lo menos dejara salir a Emilia, ya que a ella nunca la escogió en realidad.
-Eso es muy valiente de tu parte Mike, así que te lo concedo lo que pides, tu hermana va a salir-dijo el anciano.
A Emilia no le gustó tanto la idea de que su hermano se quedara solo por un tiempo con el viejito, pero sabía que era una buena oportunidad para buscar ayuda y así poder salir de ahí.
En el camino Emilia se topo con una sirena, que tenía una larga cola color azul con escamas rosas; en su cabello rojo usaba una pequeña concha como broche, y en sus manos llevaba muchos anillos con diferentes formas en cada dedo y tres pulseras de oro.
Emilia no podía creer lo que estaba viendo pero sin tiempo para pensar, desesperada pidió de su ayuda, y le contó lo que había pasado. La sirena le contó a Emilia que no era la primera vez que el anciano atrapara a niños para que ellos tomaran su lugar en el trono. Y le dijo que estaba dispuesta a usar sus poderes para ayudarla.
Emilia y la sirena idearon un plan para poder salvar a su hermano, el cual consistía en abrir un portal con sus poderes para lograr sacar a Mike de el palacio.
-¿Pero cómo entraremos al palacio sin que nos vean? -preguntó Emilia-
-Tengo una idea, mi amigo pez puede hacer invisible a la gente. Podemos ir con él para que nos ayude -contestó la sirena.
A Emilia le encantó la idea y en seguida fueron a buscar al pez; pasaron por un puente y al terminarlo se encontraba una casa amarilla, muy reluciente.
La sirena le ordenó a Emilia que se quede afuera por un momento, que ella se iba a encargar de hablar con el pez y le pidió que cuando le haga la señal, entre a la casa.
Cuando Emilia vio la señal entró a la casa velozmente. Se sorprendió al ver que la casa era bastante acogedora, toda de color amarillo al igual que la piel de el pez.
Me parece que tu eres Emilia -dijo el pez.
-Si -contesto Emilia-
-Bueno, pues no te preocupes, yo te ayudaré-dijo.
El pez les entregó unos polvos y les dijo que al tomárselos se iban a hacer invisibles.
Afuera del palacio, Emilia y la sirena estaban apunto de tomarse los polvos cuando la sirena dijo:
-¡Espera! Se me olvidó advertirte que por el portal que voy a abrir puede también salir el anciano, así que hay que tener mucho cuidado con eso. Y una cosa más, recuerda que el portal que voy a abrir les abrirá un hollo directo a la superficie, así que tendrán que pasar muy rápido por él.
-¿Y que pasará contigo? -preguntó Emilia-.
-No te preocupes por mí, yo saldré por otro lado -contestó-. Así que a la cuenta de 3 tomaremos los polvos… 1… 2… 3… gluu gluu.
Y de pronto, las dos se hicieron completamente invisibles y pudieron entrar por la puerta trasera al palacio sin que nadie las viera, y comenzaron a buscar a Mike.
-¡Ahí está! – gritó Emilia mientras caminaba hacia él.
-!Mikeee, Mikeee, soy yo Emilia!
Mike verdaderamente sorprendido, pudo entender que la voz era de su hermana.
-¿Cómo es que no te puedo ver?-preguntó Mike.
-Es una larga historia que ya te contaré, pero ahorita necesito que me escuches bien, mi amiga la sirena…
-¿Cómo? ¿hay una sirena?- exclamó Mike.
-Si Mike, la conocí saliendo de aquí, pero eso no importa ahora, como te decía, ella nos va a abrir un portal que nos regresará a la superficie y necesitamos entrar rápido en él -dijo Emilia.
-Esta bien! Pero después me tienes que contar todo -contestó Mike-
La sirena les abrió el portal y los dos saltaron en él y salieron justo donde estaban antes de toda esta locura, aliviados por estar a salvo, se fueron corriendo a su casa.
Pero lo que ellos no sabían es que el anciano logró salir junto con ellos….

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