Un extraño día en Julio

Por: Malkita

Hace algunos años habían unos niños, la niña se llamaba Ana, ella tenía el pelo güero como el sol, los ojos azules como el mar, la piel blanca como la nieve y sus labios rojos como una rosa, ella vestía con unos pantalones de color azul cielo, una blusa morada con unas franjas blancas y unos zapatos negros, el niño se llamaba Felipe, el era de pelo castaño como un tronco, sus ojos azules como el mar, su piel carne como un camello y sus labios rosas como una flor, el vestía con unos pantalones de color azul marino, una camisa blanca y unos zapatos beige.

Eran unos niños muy mal portados que vivían con su papá en una pequeña cabaña del bosque.
El bosque donde vivían en el día era muy bonito con los árboles de color verde, los troncos de color café castaño, el cielo de color azul clarito y a lo legos se alcanzaba a ver un lago color pantano, en la noche era muy obscuro y no se alcanzaba a ver nada.
Un día Ana y Felipe le pidieron a su papá que si podían ir al lago a jugar un rato, pero su papá no les permitió ir, Ana y Felipe le suplicaron y le suplicaron hasta que su papá dijo que sí pero tenían que volver antes del atardecer porque si no se podían perder.
Ana y Felipe muy felices se despidieron de su papá y salieron de su casa. En el camino hacia el lago se toparon con otra cabaña, esta cabaña era muy grande y toda era hecha de caramelos, gomitas, chocolates, galletas, entre otros dulces. Pero Felipe y Ana se vieron muy responsables ya que sabían que no podían entrar a casas de extraños y no podían tomar nada que no les perteneciera.
En fin, siguieron su camino hacia el lago.
Ya que llegaron al lago se les ocurrió hacer una competencia de quien lanzaba las piedras más lejos. Cada quien tenía tres oportunidades, Ana lanzó las piedras pero no llegaron tan lejos, después Felipe las lanzó con todas sus fuerzas, pero la tercera piedra rebotó de regreso. Ana y Felipe de inmediato se alejaron del lago pero solo era una rana la que había regresado la piedra, cuando ellos se dieron cuentas les dio risa.
Después de un rato regresaron a su casa, su papá se quedó muy sorprendido de que le hicieran caso. Su papá se dio cuenta de que no eran tan mal portados ya que solo eran unos niños pequeños.

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