Querido Shakespeare

Por: Mérida

“El amor es un tirano y sólo él rige”. Romeo y Julieta, un clásico, en verdad no es más que la realidad, ya que en medio de la tempestad el veneno es quien mandará. Él decide cuándo acaba con el dolor, junto con su famoso amigo “el amor”.

Qué romántico, ¿no lo creen? Una hermosa velada, una sonata con velas, en un balcón en Verona, Italia. Varias copas ya van de más, pero, ¿qué importa? Si aún aguantan un poco más.
“Amor ardiente” que por cierto sólo duró un día. Aunque hubiera sido una ironía si se cumplía la fantasía. La boda, el vestido blanco, los votos de amor eterno; qué bueno que no pasó, porque de haber sucedido… ¡Ay no, qué horror!
En tal caso, Romeo Jr. Ahora tendría que ir a la escuela, con gran pereza y un fuerte dolor de cabeza, después de gritos, que en su casa no cesan.
No queda más que pasar por la vergüenza. De escuchar a todos los niños hablar de la grandeza de sus padres, su fuerte matrimonio; mientras Romeo Jr. tiene que enfrentar a sus demonios.
Ya saben, aceptar que sus padres no están juntos, contar la historia del gran matrimonio que ahora está difunto, explicar cómo la serpiente vino a fisgonear y como eso a Eva no le gustó jamás.
Pero claro, alabemos las historias de princesas…”fueron felices para siempre”, ¿No? un príncipe azul, guapo y fuerte, en especial muy persistente. ¿Esa es la realidad? ¿Acaso no es así?… ¿Me estás diciendo que eso ya no pasa aquí? ¿Que crecimos con mentiras y falsas filosofías? ¡Qué ironía!

“Te amo como se aman ciertas cosas oscuras, secretamente, entre la sombra y el alma”. Pablo Neruda, gracias por tu honestidad, en el mundo del amor eso se suele olvidar… se les olvida que al final se trata de un chorrito de felicidad y otro poco de pura oscuridad.
En eso sí tiene razón, a esta princesa también le rompieron el corazón. A Adán le dolió, pero a Eva la destrozó, pero nunca lo demostró, eso es más que una humillación.
Por cada lágrima que Romeo Jr. derramó, cada palabra que él recitó, para rogarle al eterno que él no forme parte de ese cincuenta por ciento. Cada grito que escuchó, ese es el sonido del amor acabando, lastimando, eso es lo que el niño aprendió.
Querido Shakespeare: ¿Podrías escribir un final feliz? ¿Sólo un hermoso final feliz? Me merezco mi final feliz. Por favor.

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