Las puertas contrarias

Por: Narnia

Hola soy Emma y les voy a contar mi historia, aunque tal vez no me crean.
Hace tres años mi hermano Alan y yo entramos al bosque para explorar porque estábamos muy aburridos.
Mientras caminábamos en el bosque nos encontramos una puerta, una puerta en perfecto estado, parecía nueva pero no había nada atrás aunque estaba cerrada.

Nos dio curiosidad de por qué estaba cerrada entonces empezamos a buscar la llave, la buscamos por todas partes pero nada, cansados de buscar descansamos un poco para recargar energías, decidimos recargarnos en una piedra bastante grande que estaba cerca de ahí.
Después de un tiempo de haber recargado energías decidimos volver a buscar pero esta vez había algo raro, había un tapete que no estaba ahí antes, estaba enfrente de la puerta, buscamos debajo del tapete y ahí había no una sino dos llaves y otra puerta más chiquita, la puerta era negra era todo lo contrario a la puerta pasada.
Una de las llaves era antigua con muchos detalles y era negra por completo y la otra era blanca como en forma de las nubes y también era muy suave, yo escogí la negra porque me intrigaba más, además de que Alan no es muy atrevido que digamos.
Como ya estaba oscureciendo decidimos regresar a casa.
Mis papás nunca estaban en casa, siempre andaban conociendo lugares nuevos sin nosotros, así que no nos preocupaba irnos por un tiempo ya que no se darían cuenta.

A la mañana siguiente los dos estábamos listos para las aventuras, cada quien empacó un par de cosas y también agarramos un poco de dinero por cualquier cosa.
Seguramente se preguntaran “por qué tantas cosas, lo más seguro es que no vaya a haber nada” porque no es común que haya rumores de que pasan cosas inusuales en ese bosque; aún así estábamos nerviosos pero tranquilos, lo que no sabíamos era que esas aventuras cambiarán nuestra vida para siempre.
Al recorrer el camino nada parecía fuera de lo normal, llegamos a las puertas y decidimos que yo iba a probar en la puerta negra ya que era lógico. La intenté abrir pero no pude, esa no era la llave, entonces Alan trató con la suya y abrió; no podíamos creerlo, eran tan diferentes.
Dentro de la puerta negra habían unas escaleras estrechas hacia abajo, se veían oscuras y deprimentes. Alan agarró la llave, entró y cerró la puerta detrás de él con una expresión nerviosa y al mismo tiempo con curiosidad.
Es mi turno, pensé abrí la puerta grande tome la llave y cerré la puerta detrás de mí no podía creer lo que estaba viendo… estaba rodeada de nubes en un cielo azul con unas escaleras hecha de nubes hacia arriba, no lo pensé ni un segundo y empecé a subir, cada escalón que subía mi felicidad iba aumentando, el olor, color y cómo se sentía era simplemente especial y único, nunca había visto algo así en toda mi vida. Llegue al final de las escaleras, una puerta alta y dorada con detalles hechos a mano muy antigua me esperaba, la abrí con mi llave.
Frente a mis ojos apareció una ciudad enteramente de blanco. De la impresión de lo que estaba viendo no me di cuenta de que estaba fuera del código de vestimenta, se me hizo muy raro que nadie me viera feo o algo por el estilo, entré a la tienda más cercana que encontré, ahí todos eran muy amables y me atendieron rápido. Con mucha facilidad encontré cosas que me gustaron: una blusa hermosa y unos jeans rotos blancos, pero lo que más me gustó de esa tienda fue un vestido blanco no tan corto, pero tampoco tan largo, pegado de la parte de arriba hasta la cadera y con un desnivel en la parte de abajo que dejaba de ser pegado; pero había un problema, no podría pagarlo, se veía muy caro, cuando le dije a la persona que me estaba ayudando se rió y dijo “se nota que no eres de por aquí, todo lo que quieras es gratis” estaba tan feliz que me olvidé de casa por completo, pero tenía hambre entonces antes de continuar ya con el código de vestimenta cumplido y más información, fui a un restaurante que no tenía meseros, porque solo pensabas lo que querías y te lo daban, fue la mejor comida de toda mi vida.
De repente no me di cuenta de que ya había anochecido, en ese mismo instante me encontré a la persona que me atendió en la tienda, su nombre era Lucy y me ofreció que si me quería quedar en su casa mientras estaba aquí y acepté.
Con el paso de las semanas empecé a tener muchos amigos y pensé que ya no me iría de aquí jamás, pero extrañaba a Alan a pesar de que todo aquí ya era bueno, no como en casa. No abandonaría a mi hermano a pesar de todo, empaqué todo lo que ya tenía, que se fue multiplicando con el paso de los meses, me despedí de mis amigos y amigas y les di un recuerdito para que no me olvidaran. Prometí que regresaría, en especial a Lucy que se convirtió en una de mis mejores amigas de toda mi vida, ya que vivi en su casa por mucho tiempo porque era muy grande y le sobraba espacio.
Abrí la puerta dorada de nuevo, pero con una sensación de tristeza porque no quería dejar este lugar, mientras bajaba me jure a mi misma que regresaría. Abrí la segunda puerta y parecía que no había pasado nada en absoluto, como si todo ese tiempo que estuve adentro de la ciudad hubiera desaparecido.
No mucho después salió Alan, de cierto modo se veía igual que cuando lo vi entrar, pero tenía algo totalmente diferente, lo saludé con ganas y fuerza, lo noté débil pero me regresó el abrazo, lo sentí aliviado, no sé por qué. Regresamos a casa, guardamos las llaves para que nadie las viera. Intenté platicar con él, pero solo me escuchaba sin decir nada.
Alan día tras día se alejaba más, no era él mismo, le dije que si no me decía lo que había pasado no podía ayudarlo, pero no decía nada y se alejaba más, se empezó a vestir de negro y ya no sabía qué hacer, parecía como que iba a un funeral todos los días hasta que me enfrente a él y le dije: “si no me cuentas nada de lo que viviste ahí abajo, iré yo misma a averiguar qué te pasó” y él respondió “NO NUNCA VAYAS AHÍ ES UN LUGAR TERRIBLE, si quieres que te cuente, te cuento pero no te acerques a ese mundo”.
Me contó todo, me lo dijo con una expresión triste en su cara, cada cosa que escuchaba mi expresión se iba transformando en una de miedo.
Cuando entró por la puerta terminó de bajar las escaleras y había una puerta roja con picos. Dudó en entrar, cuando finalmente lo hizo vio criaturas que ni en sus peores pesadillas podrían existir, todo era robar o morir, matar o morir. Se hizo fuerte para volverme a ver y sobrevivir, lo peor de todo es que no encontraba la puerta para volver hasta que un día después de meses la encontró y salió de ahí lo antes posible, el día que lo encontré y me abrazó.

No supe qué decir pero lo apoyé y le dije que íbamos a regresar, pero que confiara en mí, acepto pero solo si le aseguraba que iría con él.
Al dia siguiente le dije que se vistiera de blanco completamente y que empacara todo lo blanco que tenía, nos íbamos, me miró confundido pero aceptó.
Conforme nos íbamos acercando a las puertas no podía dejar de pensar en que volvería a ver a mis amigos y al fin podría estar en paz, cuando llegamos tomé la mano de mi hermano, abrí la puerta con su llave y ahí estaba justo y como lo recordaba. Fuimos subiendo las escaleras y llegamos a la otra puerta, la abrí, de inmediato fui a la casa donde viví con mi amiga, al fin había regresado.
Cuando me vio Lucy me abrazó con todas las fuerzas que tenía.
Desde ese día todo en mi vida fue bueno, lo demás ha quedado en el pasado, vivo aqui en este mundo con todas a las personas que amo y que estuvieron para mi toda mi vida… han pasado unos 30 años desde que entré con mi hermano aquí y todo lo de antes ya ni lo recuerdo, solo como si fuera una vaga pesadilla, ahora soy feliz y espero que tu encuentres la felicidad.
Espero que hayas creído mi historia porque no suele contarse para donde solía vivir.

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