El niño extraño

Por: Laila

En mi escuela hay gente de todo tipo. Hay gente chistosa, gente enojona, gente “normal”… y luego estoy yo: un niño bajito y sin amigos, al que nadie le habla porque creen que soy muy raro. Toda mi vida he sido solitario, aunque la verdad es que no me gusta estar solo. He tratado de socializar con todos o con la mayoría de las personas pero simplemente me ignoran o me tratan mal. Por cierto, me llamo Ted y quiero contarte que hace poco me pasó algo sorprendentemente extraño.

Me encontré una moneda en el piso. Parecía rara, no como una moneda normal, era más grande que las monedas de 20. Estaba hecha de un metal azul que nunca había visto y la guardé en mi bolsa. Luego fui a clase y no pasó nada fuera de lo ordinario.
Al regresar a mi casa me puse a hacer tarea y me acordé que tenía la moneda en mi bolsillo, la saqué de ahí para observarla y averiguar qué era. No encontré nada que me ayudara a encontrar respuestas acerca de la moneda, así que la guardé en mi mochila de la escuela y me fui a dormir.
Pasaron dos semanas hasta que en mi escuela una niña vino a hablarme, yo estaba confundido porque ella tenía muchos amigos, le hablé porque al fin tenía con quien hablar y contarles mis historias. Ella se llamaba Pamela, era linda, con ojos verdes y el pelo negro como el cielo de noche. Pamela no era como yo, ella tenía muchos amigos.
Cuando se me acercó, me dijo que nunca se había acercado a hablarme porque le daba pena, pensaba que yo era raro (todos piensan eso), pero que ahora se atrevió porque ya no podía verme solo.
Mi moneda estaba en mi mochila.
Cada día más gente venía a hablarme, al principio pensé que era porque Pamela empezó a sentarse conmigo así que todos sus amigos y amigas la vinieron a acompañar, pero fui descubriendo que los demás no se dirigen a Pamela, pero son muy amigables conmigo.
El otro día, mi mamá vio mi moneda y me preguntó qué era, de dónde la había sacado. Le dije que no sabía y que la encontré en el piso, pero que después que me la encontré, la gente ya me había empezado a hablar. Le dije que me gustaría averiguar qué estaba pasando. Mi mamá me dijo que la moneda se le hacía conocida, pero no me dijo nada más.
La semana pasada, me dijo que vio esa moneda en un documental de artefactos griegos hace unos años, pero que no estaba segura porqué de repente empecé a tener muchos amigos. Me enojé y le grité porqué simplemente no podía estar feliz de que yo ya tuviera. Ella se quedó congelada, nunca le había levantado la voz. Me fui a mi cuarto.
El siguiente lunes, vi a una niña llamada Emily abrir mi mochila y sacar algo de ella. La confronté y le dije que me diera lo que había sacado de mi mochila, pero ella insistió que no había agarrado nada y que sólo se había equivocado de mochila. No sé porqué no revisé mi mochila en ese momento, pero regresando a mi casa me di cuenta que ya no estaba mi moneda en la mochila y seguramente Emily me la había agarrado. Estaba decidido a reclamarle a Emily, así que le llamé a varios compañeros con los que hablaba con frecuencia, pero nada: nadie me contestó. Al principio pensé que sólo estaban ocupados porque siempre me contestaban o ellos me hablaban, así que me esa noche no pude dormir pensando en recuperar mi moneda.
A la mañana siguiente, en la escuela me senté en la hora del almuerzo esperando a que mis compañeros me saludaran (porque así era siempre), pero nadie se acercó a mí. Nadie excepto Pamela. Le pregunté a Pamela porqué no había venido nadie hoy a hablar con nosotros y me dijo que no sabía pero que ella siempre me iba a hablar. Me puso feliz su comentario.
Más tarde me di cuenta que había mucha gente con Emily, pero nunca había tanta gente con ella, de hecho, ella tampoco tenía tantos amigos. Me acerqué y me di cuenta que tenía algo en su mano… ¡Era la moneda! ¡Creo que ya sé que hace la moneda, te hace tener mucha compañía!
Ahora me doy cuenta que los muchos amigos que tenía eran pura mentira y eran amigos falsos, porque aunque era la moneda lo que los hacía venir hacía mí, nunca hubiéramos tenido una amistad de verdad como la que tengo con Pamela. No le dije a Emily que esa era mi moneda porque no quiero tener amigos falsos, ella puede tener los que quiera y algún día se dará cuenta que no son amigos verdaderos, yo ya sé cuáles son mis amigos verdaderos.

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