Una luz en la oscuridad

En plena Segunda Guerra Mundial, cuando Hitler intentaba dominar el mundo, no todo era muerte y desolación, también dentro de todo el horror tuvo lugar el amor en uno de los campos de concentración nazi más sangrientos: el de Auschwitz-Birkenau.

Los protagonistas de esta historia son un guardia nazi de nombre Adler Luch y una mujer judía-polaca llamada Esther Sion.
El amor de esta pareja nació́ cuando Adler escuchó cantar a Esther y quedó seducido de su dulce voz, desde entonces decidió́ protegerla. Tan grande fue el amor que sentía Adler por ella que, incluso, desafiaba las estrictas leyes alemanas y le enviaba galletas y notas de amor.
Al inicio Esther no correspondía las muestras de amor del guardia, pero ganó su atención al salvar a su hermana de ser enviada a la cámara de gas; tristemente él no pudo salvar a los sobrinos pues ellos eran niños, sin embargo, este hecho significó el inicio del amor de Esther por Adler.
Esta valentía al arriesgarse por su casi cuñada, su otros detalles y muestras de amor, al paso del tiempo, logró que se ganara más y más el corazón de su amada Esther. En el periodo final de la guerra, cuando el poder aliado avanzó, el ejército nazi tuvo que deshacerse de todos los prisioneros en las llamadas “marchas de la muerte”.
Sin embargo a Esther y a su hermana les tocaba un peor final porque el grupo de la panadería, donde ellas estaban trabajando, las llevarían a las cámaras de gas. Cuando Esther se enteró de lo que iba a ser su final se asustó demasiado y empezó a gritar: “¡Adler, Adler ven a ayudarme, por favor! Adler, ¿dónde estás?”, gritaba repetidas veces pero no veía ningún rastro de su amor; creía iba a ser su final. Como si fuera un regalo del cielo llegó un grupo de soldados aliados a rescatarlas, Esther no lo creía y empezó a llorar. Un soldado la abrazó y le dijo .tranquila); entonces Esther se dio cuenta de que ese soldado era judío( שטיל Meses despues de ese rescate el soldado buscó a Esther con la intención de empezar una relación. Esther al tenerle tanto agradecimiento al soldado por haberla salvado, se casó con él al año, pero en el interior Esther sabía que no lo amaba de verdad.
Después de casi un año terminada la guerra llamaron a testificar a Esther en los Juicios de Nuremberg. Ella no sabía para qué la llamaron, pero al llegar a la corte lo vio. Su corazón latía con fuerza al reencontrar al que fue su amor en esos momentos de oscuridad; y se vio un destello de luz en sus ojos de ellos dos.
Esther y su hermana le devolvieron el favor al ex guardia alemán con sus testimonios, mismos que ayudaron en la exoneración de crímenes de ​lesa humanidad​. Adler contó que “conocer a Esther le cambió la vida, cambió su comportamiento y lo convirtió en otra persona.” Esther se dio cuenta ahí, en ese enorme juzgado, que nunca lo había dejado de amar, pero aún tenía a un esposo esperándola en casa.
Ella no sabía qué hacer ni qué pensar, así que fue con su hermana y le dijo: “pequeña Hannah tengo un problema del corazón que gobierna mi futuro y no sé qué hacer ni a quién amar. A quien en la obscuridad me amó y me otorgó seguridad, o a quien en la luz me salvó. La hermana le contestó: “te voy a recordar lo que nos dijo nuestra abuela en ese horrible lugar:
“נאָכפאָלגןדייןאינסטינקטאוןדייןַהאַרץוויילזייוועלןפירןאירצודייןלעצטדעסטיניישאַן“
(Sigan a su instinto y a su corazón porque las van a guiar hacia su destino final)
Y así Esther, guiada por esas palabras, tuvo claro que su verdadero amor
era Adler.
Ella fue a buscarlo a Varsovia una otoñal tarde de noviembre. Lo encontró
solo en un cafe. Se acercó lentamente. Él solo atinó a levantarse de la silla y se quedó inmóvil viendo cómo ella se acercaba. Ella, al estar ya frente a él, mirándolo a los ojos, le dijo: “fuiste mi amor en ese entonces y eres mi amor aquí y ahora… dime Adler, dime, ¿qué soy yo para ti ahora?”. Adler, cargado de una fuerte emoción y un temblor en su voz, le dijo: “He estado pensando en estas palabras durante el tiempo que estuve lejos de ti… recuerdo aquel tiempo en el que no sabíamos casi nada pero lo sentiamos todo, cuando éramos nosotros los que teníamos que buscar al otro y no como ahora que pienso en ti a todas horas… Te amo”.
Así Esther lo supo, había escuchado lo que su corazón necesitaba escuchar. La decisión vino por sí sola, dejarlo todo para estar con el verdadero amor en ese momento.
Esther y Adler fueron de las pocas historias sinceras de ese tiempo. Se fueron juntos a realizar su vida y jamás volvieron a estar lejos uno del otro.

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