Miradas sin sentido

Por: Chelminsky

Todos los días son iguales, me despierto, me pongo el uniforme de la fábrica, un saco gris con unos pantalones negros, salgo de mi pequeña casa y camino unas cuadras hasta la estación de tren. Generalmente el tren llega unos pocos minutos después que yo llego a la estación. En el tren espero 23 minutos y llego a un pueblo cercano, en el que solamente hay fábricas, trabajadores y una pequeña cafetería en la cual siempre pido lo mismo; un café negro sin leche ni azúcar.

Trabajamos en una fábrica de zapatos, mi trabajo es acomodar los zapatos en sus cajas y asegurarme que estén en la caja correspondiente.
Llevo exactamente 1097 días con esta misma rutina, es decir tres años y tres días, me despierto, me visto con el uniforme de la fábrica, salgo de mi pequeña casa y camino unas cuadras hasta la estación de tren, bueno creo que el resto ya se los he contado.
En el pueblo que vivo, todos somos muy similares y nos conocemos perfectamente, todo es muy normal, todos tenemos un oficio y vivimos de eso. En el pueblo en el que vivo la mayor parte del año es invierno, el cielo esta gris, las nubes tapan completamente el cielo y casi todos los días después de las 4 pm llueve.
Se podría decir que soy alguien muy aburrido, muchas veces he llegado a pensar que estoy desperdiciando los días, pero al pensar esto mi cabeza no para de dar vueltas, entonces prefiero evitarlo. No tengo mucha gente cercana, más bien, tengo solo tres amigos, que no se si los podría llamar amigos. Una es mi vecina, la señora Darwich, una mujer mayor con el pelo blanco, los ojos grises y siempre se viste de negro. Ella es muy amable y siempre se ha preocupado por mí. Siempre me pregunta si tengo comida suficiente para el resto de la semana y se ofrece a cuidar de mi casa cuando no estoy. Está también el señor James, mi compañero en la fábrica que tiene el mismo oficio
que yo, vive a unos minutos de mi casa, él tiene el pelo negro obscuro y una barba larga, sus ojos son grises claros pero no se alcanzan mucho a ver ya que siempre usa lentes y tiene la cabeza cubierta con un sombrero negro.
James siempre carga consigo un maletín blanco, se podría decir que es un hombre muy elegante. Por último está Sarah, una joven muy bella, la conozco de la estación de tren, ya que todos los días sube al mismo tren que yo, pero ella trabaja en la fábrica de al lado. Sarah siempre se viste con un vestido blanco sus ojos son tan obscuros como la noche y su pelo largo es el contraste exacto del color de sus ojos.
Se pueden dar cuenta que soy muy observador, pongo atención en todo lo que veo y todo lo que pasa, con el tiempo he puesto menos atención ya que estoy acostumbrado a hacer y ver lo mismo siempre. Una mañana de un martes desperté con una sensación extraña, era difícil describirla pero no podía evitar pensar en cosas fuera de lo común, pensaba en qué pasaría si un día hiciera lago fuera de rutina, si no tomara el tren o no le diera los buenos días a la señora Darwich, me preguntaba si todo seguirá igual o estos detalles podrían cambiarlo todo. Me puse mi uniforme gris e intente de evitar este sentimiento extraño, seguí con mi rutina, le di los buenos días a la señora Darwich y caminé hacia la estación de tren en donde vi a Sarah, todo parecía ordinario excepto esta sensación que no me dejaba tranquilo.
Llegué a la fábrica y vi a James, tenía su maletín blanco y su sombrero negro pero algo me parecía distinto me quede observando y me di cuenta de algo, detrás de sus lentes me fije en el color de sus ojos y no era el mismo. El color era difícil de describir, uno que no había visto jamás, era un color claro. Volví a mirar, tal vez yo había cometido un error pero no, era distinto.
Trate de no darle importancia y seguir con mi rutina, hice mi trabajo como de costumbre fui por un café y regresé a la estación de tren. Algo en la actitud del señor James me pareció peculiar, parecía muy feliz estaba con una gran sonrisa algo inusual en la gente de este pueblo, especialmente en los trabajadores de la fábrica. La sensación seguía ahí, no dejaba de pensar en el color de sus ojos ni en su gran sonrisa, no sabía la razón pero el pensamiento no se iba de mi cabeza.
En la estación de tren vi a Sarah como de costumbre y al fijarme en sus ojos noté lo mismo, algo distinto, un color inexplicable que jamás había visto, pero no era el mismo color que el de los ojos de James, era mucho más obscuro y tenía diferentes tonalidades. Sarah siempre había sido una joven alegre pero hoy estaba extremadamente feliz, su sonrisa iluminaba su cara. La sensación cada vez era más fuerte pero yo estaba negado a aceptar un cambio, intente de ignorarlo todo, no lo mencione con nadie y regresé a mi casa.
En el camino a casa escuché una multitud de gente murmurando en la esquina de un callejón, traté de seguir pero el murmuro aumentaba y más gente caminaba hacia la misma dirección. Poco a poco me acerque, habían muchas personas observando una pared, me pareció estúpido no entendía que era lo que hacían pero yo seguí avanzando. Finalmente pude acercarme lo suficiente, era impresionante lo que veía, no sabía como describirlo. Las paredes del callejón estaban llenas de colores, colores brillosos y obscuros, de tonalidades diferentes, miles y miles de colores.
Después de unos minutos observando esta maravillosa pared, nada volvió a ser igual.
Todo mi mundo se convirtió en algo colorido algo lleno de luz y brillo. Cambié mi rutina, cambié mi forma de ver la vida y le encontré sentido a ella. Algo más cambio ese día que pude notar hasta mirar un espejo y fue el color de mis ojos.

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