El señor Persay

Por: Timmy Turner

Había una vez en un pueblo muy lejano dos hermanos sin mucho dinero pero con familia extensa y unida. Cada semana los hermanos se reunían tres horas en la casa de uno de ellos, y aunque sus casas eran chiquitas y estaban muy maltratadas ellos estaban felices con lo que tenían. Para vivir los hermanos abrieron un pequeño puestito en la calle en el que vendían artesanías hechas por sus hijos en la escuela, con eso apenas les alcanzaba para comer y de vez en cuando un pequeño juguetito para los niños.

Un día uno de los hermanos enfermó así que al puesto solamente fue uno de ellos. Al medio día llegó un señor llamado Persay con una tarjeta de crédito y le pidió al hermano una de las artesanías. Cuando quiso pagar con la tarjeta, el hermano le dijo que no tenían el aparato para poder cobrar de esa forma, entonces Persay le regaló la tarjeta y le dijo,
– Esta tarjeta tiene adentro dinero infinito, te la regalo para que puedas comprarte lo que quieras por el resto de tu vida.
El hermano quedó sorprendido y aceptó la tarjeta. Persay sin decir palabra alguna se fue.
Al día siguiente el hermano enfermo se curó, y fue a visitar a su hermano como acostumbraban cada semana, al llegar a su casa vió una mansión enorme con guardias y oro por todas partes. El hermano se acercó enojado a la puerta y preguntó con rabia.
– ¿Quién se atrevió a reemplazar la casa de mi hermano por la suya?
Entró enojado y vio a su hermano sentado con ropa y zapatos nuevos, con mucha comida y sirvientes y guardias, y le preguntó
– ¿Dé dónde sacaste todo este dinero?
– Un señor llamado Persay me regaló una tarjeta con dinero infinito, si tú también quieres una ve y búscalo por el mundo dile que eres mi hermano y pídele otra tarjeta.

El hermano comenzó a viajar por el mundo en busca del señor Persay, primero fue e Italia y preguntaba por todos lados si alguien sabía dónde estaba el señor Persay. Después fue a Francia y preguntó por todos lados dónde estaba el señor Persay, y así hizo por toda Europa. Después fue a Asia, luego a África y para terminar a América y no encontró al señor Persay, así que volvió a su casa muy triste y amargado y su hermano le dijo
– Sabes qué, mejor compartimos la tarjeta, igual es infinita.
Y vivieron felices para siempre.

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