La revolución minera

Por: Mina de arena

Hace muchos años, específicamente en 1843, vivía en Francia un minero llamado Jeremy. Él venía de una familia muy pobre y era huérfano. Aunque Jeremy se esforzaba día y noche trabajando, con el lamentable sueldo que recibía no le alcanzaba para mantener a su esposa y sus dos hijos, así que en sus tiempos libres buscaba trabajos extras para ganar un poco más y poder llevar comida para su familia.

Jeremy estaba harto de esa vida, trabajar sin descanso para poder comprar nada más que un pan quemado, mientras que algunas personas tenían la vida resuelta solamente por ser hijos de un rey, príncipe o cualquier miembro de la realeza. A Jeremy le parecía injusto e ilógico que él tuviera que trabajar duro para poder comer y gente privilegiada contara con una vida fácil y llena de lujos solo por existir.
Un día decidió poner fin a esa injusticia, reunió a varios amigos y les contó su plan, el cual era infiltrarse en la casa del jefe y asesinarlo, quedarse con la mina y poner a trabajar a los 7 hijos de este, como el jefe los hacía trabajar. A todos les gustó la idea y planearon hacerlo en dos días.
Dos días después comenzaron a ejecutar el plan. Charlie, uno de los compañeros de Jeremy, logró infiltrarse en la casa del jefe. Todo iba excelente hasta que se percató de que no habían planeado cómo es que lo matarían y entonces tuvo que escapar. Al siguiente día le preguntaron a Charlie por qué no lo había matado y les respondió que no sabía cómo hacerlo.
Ese día, cuando terminó la jornada laboral, se reunieron Jeremy y sus compañeros a planear. Después de discutirlo mucho, decidieron que no lo matarían ya que nadie quería mancharse las manos, sino que lo secuestrarían y lo obligarían a subirles el sueldo, y si este se negaba, lo torturarían hasta que cediera.
Al otro día, cuando el jefe pasaba a supervisar el trabajo, se percató de que faltaba alguien y antes de siquiera poder reaccionar, Jeremy se le aventó encima y lo agarró del cuello. En ese momento todos los mineros involucrados en el plan corrieron hasta donde estaba Jeremy y lo golpearon tanto que quedó inconsciente. Después de desahogarse, los obreros se lo llevaron al lugar donde se reunían a planear.
Cuando el jefe despertó y los vio a todos, sin pensarlo dos veces dijo con miedo: -¡No me maten, les daré el cincuenta por ciento de la empresa! Ellos, obviamente aceptaron y se la dividieron equitativamente.
Un año después, con el dinero que habían ganado, decidieron comprarle su parte al jefe y con la cantidad que le ofrecieron aceptó. Ya teniendo el cien por ciento de la empresa concretaron en que empezarían a dar sueldos apropiados para que los mineros pudieran tener una vida decente como ellos alguna vez lo anhela

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