Oscuridad sin fin

Por: Luz de la noche

Mi vida ha sido muy difícil, tener que ver todos los días un agujero de luz cuando estoy en la oscuridad es desgastante.
Mi nombre es Nancy Hubermann, tengo 12 años, vivo en Varsovia, Polonia, soy hija única y me siento muy afortunada de ser judía. Escribo este libro para que todos aprendamos a valorar lo que tenemos.

Toda mi vida era perfecta iba y venía sin miedo ni peligro. Todos los días asistía puntualmente a la escuela, jugaba con mis mi amigos, iba al cine con mis papás, paseaba, me encantaba bailar ballet, festejar los cumpleaños junto a mis papás y también leer, pero sobre todo disfrutaba mi vida.
Un día todo empezó a cambiar. Los judíos no podían hacer muchas cosas, estaban marcados con un signo negativo tan grande que mis amigos dejaron de hablarme.
Una noche me desperté muy asustada pues no muy lejos de mi ventana se escuchaban balazos y vidrios rompiéndose. Fue esa noche, la Noche de los cristales cuando los nazis empezaron a tratarnos como basura, nos decían sucios y que no valíamos la pena. Siempre me había sentido orgullosa de ser judía, amaba mis costumbres, mi religión y mi comunidad, también amaba el país donde vivía y aunque soy judía siempre me sentí que mi sangre era polaca.
No entiendo porque tanto odio, esa estrella de David que siempre fue nuestro símbolo de identidad, ahora le llevábamos cosida en nuestras ropas como símbolo de vergüenza.
Después de esa noche todo cambió. Mi papá se quedó sin trabajo. Los clientes se ausentaron poco a poco hasta que no quedó ninguno. Aprendimos lo que era sentir hambre y frío. La vida cómoda y feliz que alguna vez tuvimos fue desapareciendo, así como mis amigos de la escuela quienes ya no me reconocían como amiga. Llegó un momento en el que no pude ni siquiera ir a la escuela.
Mi mamá siempre decía que teníamos que tener fe que todo iba a mejorar pero yo ya no le creía.
Con el tiempo las calles de mi querida Polonia se fueron llenando de soldados y comenzó la guerra. Las calles estaban abarrotadas de alemanes que manifestaban con la mirada su odio hacia los judíos.
Un día mi papá llegó a casa y nos dijo que empacáramos en una sola maleta todo lo que nos quisiéramos llevar porque nos íbamos a cambiar de casa a una más pequeña. ¿Cómo empacar toda una vida en una sola maleta ? La tristeza se apoderó de nosotros.
La nueva casa era muy pequeña mucho más que mi casa anterior ahí debíamos vivir con 10 familias más. Nos trasladaríamos al gueto.
Conforme pasaban los días aumentaba el hambre, las enfermedades, sin embargo la fe nunca nos abandonó.
Intentábamos seguir con nuestras vidas de la manera más normal posible, pero a veces era muy difícil porque habíamos perdido nuestra libertad, nuestra dignidad, nuestra salud, todo.
Pasaron los días, los meses y los años, y si falta alguna llegaba al gueto un tren que se llevaba familias enteras. No sabíamos a dónde se las llevaban o cuándo volverían lo único que sabíamos era que el hambre y la enfermedad estaba matándonos.
Yo tenía mucho miedo de separarme de mi familia y aquel miedo no fue en vano pues un día unos soldados nos subieron a un vagón de transporte de ganado con muchísima gente más. Íbamos todos parados, sin poder respirar, sin poder descansar, no nos dieron ni comida ni bebida y llegamos a un lugar mucho peor que el gueto ahí nos separaron de mi papá, mi mamá y yo caminamos hacia unas rejas por donde se asomaban unas personas sin pelo con una pijama de rayas, tan flacos como esqueletos y que nos veían con cara de lástima, claro ahora entiendo que sentían lástima por nosotros porque apenas llegábamos a la pesadilla de vivir en un campo de concentración.
Nuestros días en el campo de concentración fueron aún mucho peores no sé bien cómo logramos sobrevivir mi mamá y yo, solo recuerdo muy bien el día que nos liberaron a mi mamá y a mí. Recuerdo haber llorado mucho al salir pero no me acuerdo si de tristeza o alegría.
Todavía nos esperaba la noticia de que mi papá no había sobrevivido fue muy difícil sobrevivir pero fue más difícil comenzar la vida de nuevo y con la familia incompleta. Hoy que escribo la historia de mi vida muchos años después sigo sintiéndome orgullosa de ser judía , de poder decirle a todos aquellos que se dejaron llevar por el odio injustificado a un pueblo: que estamos vivos, que no nos dejamos vencer, que seguimos adelante y que la vida puede llenarnos de dolor, pero al final lo que importa es luchar, mantener la alegría de seguir vivos y no rendirse.

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