Una vida en el bosque

Por: You-Know-Who

Lanzó con todas sus fuerzas, pero la tercera piedra rebotó de regreso.
Yehoshua estaba cansado de la situación, tenía que vivir escondido para que los alemanes no dieran con él, al regreso de la piedra se alarmó y sintió terror de que alguien lo descubriera.
Intentó cubrirse con las ramas cuando de repente un niño blanco como la nieve le saludaba a unos metros de distancia. El pequeño no sabía si salir huyendo o responder el saludo de quien lo había descubierto.
El joven blanco se acercó con un aspecto amigable por lo que no intentó correr, algo en él le hacía confiar. Su pelo rubio despeinado y su semblante despreocupado le permitió confiar un poco en el intruso.

El estaba todo andrajoso por el tiempo que había pasado escondido entre la maleza del bosque, el joven se presentó, era claramente aleman como él, hablaban el mismo idioma. Wiland se llamaba, tenía 15 años, un año mayor que Yehoshua.
El joven ario no entendía por qué se escondía, era claro que su familia no le contaba las atrocidades que se estaban haciendo con los judíos.
Yehoshua se sentó a conversar con el recién llegado que lo interrogaba del por qué de su escondite. Él le contó con detenimiento lo que realmente estaba pasando y que el mundo o gente como él no se habían enterado. Wiland estaba sorprendido y furioso con su padre ya que él formaba parte de la SS. Nunca imaginó en su vida lo que la gente de su raza estaba haciendo. Le prometió a su nuevo amigo traerle comida y algún libro para que se entretuviera y de ser posible un viejo radio de pilas para que se enterara el pobre huérfano de lo que pasaba.

Cuando Wiland regreso a su casa, planeo llevarle lo prometído a su nuevo amigo al día siguiente. Su madre y su tia lo descubrieron tomando alimentos y otras cosas. Se imaginaron por alguna razón lo que pasaba, el joven quería ayudar a algún fugitivo, inmediatamente se lo comentaron al padre y este interrogó a Wiland hasta el cansancio pero este nunca dijo dónde se localizaba su amigo judío.
El padre se preparó para salir con perros a capturar al nuevo amigo de su hijo pero este salió corriendo a poner sobre aviso al niño judío. Al encontrarlo, le dio ropa, dinero y un poco de comida y su bicicleta para que huyera lo mas rápido posible.
Los perros de la SS encontraron los harapos del niño pero nunca dieron con él.
Wiland vivió feliz de haber salvado por lo menos a un joven judío y aunque nunca supo si sobrevivió él estaba satisfecho con su forma de actuar.

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