La niña de las trenzas

Por: Lobo

Hace mucho tiempo existió una niña llamada María que todos los días se peinaba de trenzas. Era muy guapa y todos los niños que la veían se enamoraban de ella. Juan vivía en frente de su casa y todas las mañanas la saludaba, pero ella era muy presumida, no hablaba con los niños a menos de que fueran guapos y fuertes.

Un día, el hermano de María, Pablo salió de la escuela llorando y Juan fue corriendo a ver qué le había pasado. A Pablo lo molestaban porque le gustaba ponerse gorras y todos los días se las rompían, las tiraban al escusado, las tiraban a la basura, etc.

Cuando Juan llegó con él se dio cuenta de que su hermana María ya estaba ahí entonces Juan le preguntó a María:

– ¿Por qué llora?

María no le contestó.

Juan volvió a preguntar:
-¿Por qué llora?

Y le contestó:
– Le tiraron su gorra favorita por el escusado.
Juan llevaba puesta una gorra y se la regaló, en ese momento Pablo se puso muy feliz.
María le dijo a Juan que muchas gracias.
Juan le contestó:
¿quieres ir a tomar un café un día?
María le contestó:
Yo no salgo con hombres feos y raros.
Esa noche Juan se fue llorando a su casa, pensando que por qué por ser feo no podía salir con una niña bonita.
Al otro día Juan no saludó a María, no le ayudó a Pablo y estuvo cabizbajo todo el día. Ese día María se dio cuenta de que le faltaba algo, que ese día no era igual a los otros días.
Y por fin lo dedujo, le faltaba eso, ese saludo en las mañanas.
María salió corriendo a la otra casa a buscar a Juan pero la madre de Juan no la dejó pasar ya que él estaba deprimido por culpa de María.
Al otro día se quedó María esperándolo en la escuela pero él no fue, incluso le encargo a Pablo que si lo veía le dijera que lo estaba buscando.
Pero nada, no sabía nada de él.
Al día siguiente, Juan regresó a la escuela y parecía que todo había vuelto a la normalidad. Seguía ayudando en todo momento a Pablo y era el mismo muchacho amable con todos.
Excepto por una cosa, Juan le dejó de hablar a María, la ignoraba de tal manera que parecía que se la habían borrado de la mente y que era invisible para él.
María se sentía muy mal y estaba muy arrepentida, sabía que Juan era un buen niño y lo había lastimado. Lo único que quería era que Juan la perdonara y que la saludara todas las mañanas como siempre.
Un día María se propuso pedirle perdón, todo el día iba a estar atrás de él intentándolo. Y por fin llegó el momento, María estaba en frente de Juan.
Y María le pidió perdón pero pareció que Juan no la escuchó, de nuevo la ignoró.
María repitió perdón y otra vez lo mismo, no le contestó. La esquivó y siguió por el pasillo.
María se fue muy triste a su casa y estaba a punto de darse por vencida hasta que recordó que en dos días era el baile de graduación y era obligatorio que todos asistieran.
A María se le ocurrió una idea:
“Voy a parar la música a la mitad del baile y voy a pedirle perdón a Juan”.
Y por fin llegó el día. María llegó temprano para preparar todo, empezaba a llegar la gente y María no veía a Juan. Hasta que por fin lo vio vestido de traje, la pareció muy guapo en ese momento.
El baile siguió, todos la pasaban bien.
De repente, María subió a la tarima y dijo:
– ¡Hola! Buenas noches, yo soy María. Estoy aquí porque le tengo que decir algo a una persona muy especial ¡Juan!

Todos se quedaron callados en ese momento
– Perdón por favor, he sido una grosera, irrespetuosa y maleducada contigo. No sabía cuál era el verdadero valor de una persona, te lastimé y no lo merecías ya que siempre has sido amable y respetuoso conmigo además de que siempre ayudaste a mi hermano Pablo y le cambiaste la vida. Espero que podamos ser amigos de nuevo.
Y Juan se levantó, subió a la tarima y le dijo:
– Te perdono.
María aprendió a dejar de ser presumida y a dejar de faltar al respeto a la gente y Juan la volvió a invitar a salir y ahora sí María aceptó.

admin