¿Quién nos maneja?

Por: Freckles

¿Nunca lo pensaron? Que tal vez no actuamos por instinto, que hay alguien manejándonos…
Es una pregunta que llevo tiempo haciéndome pero todavía sin alguna respuesta clara que me haga tener mis propias conclusiones.
Siempre veo a mi hermana Natalia jugar con su Barbie y me pongo a pensar que nosotros podríamos ser los muñecos de alguien más.
Mi nombre es Jane y fui una de esas niñas a las que nunca les gustó jugar con muñecas o algo parecido. Desde chiquita me gustó leer libros de ficción y creo que esa es la razón por la cual me imagino cosas que nunca alguien se había imaginado. No pararé hasta resolver mis dudas y dejarme en claro si nosotros, a los que nos llamamos humanos, actuamos por instinto natural o sólo somos unos títeres de alguien más.
Comencé mi investigación en internet. Busqué cosas bastante extrañas como “muñecos vivientes en la vida real” o “investigaciones sobre las Barbies”. Seguía sin suerte de encontrar alguna respuesta hasta que encontré algo interesante.
Se trataba sobre un científico despedido de un gran laboratorio por destinar dinero y tiempo de la compañía en una investigación sobre la vida humana como títeres.
Era perfecto, lo buscaría, le contaría mis ideas y teorías y trabajaríamos en conjunto para confirmar nuestras dudas. Su nombre era Michael Cooper y vivía en Liverpool, como un milagro, yo vivo a unos minutos de él. Necesitaba contactarlo pero mis padres nunca apoyaron mis teorías locas, así que pedirles que me llevaran a buscarlo no iba a funcionar.
Acudí con mi primo Will al que ya le había contado todo sobre mis investigaciones, él nunca me juzgó, es más, él me apoyó y me dijo que todo lo que tenía que hacer es creer en mí y nunca rendirme. Tenía la ventaja de que tenía coche y mis papás tienen la confianza de que me vaya con él.
Lo llamé y le pedí que me ayudara a contactar al Profesor Cooper. Accedió y me recogió. Durante el camino le conté sobro todo lo que pretendía hacer.
Por fin llegamos, era una casa color naranja toda vieja y desatendida, salimos del auto y nos dirigimos al porche, tocamos el timbre. Nos abrió un señor todo barbudo con una bata de baño y con un olor terrible, como si no se hubiera bañado en mucho tiempo.
-¿Qué quieren?
No fue nada cordial ni amable y eso me sorprendió. Me presenté y le conté la razón por la cual había ido a buscarlo. Su cara expresó lo contrario a lo que yo esperaba. Suspiró y nos dijo. – No me interesa. – No entendía su respuesta y me sorprendí. Intenté convencerlo diciéndole que si lográbamos justificar y resolver todas sus dudas y teorías el laboratorio donde él antiguamente trabajaba, lo buscaría de nuevo para ofrecerle un mejor empleo del que tenía antes por lograr descubrir algo impresionante. Me invitó a pasar a mí y a Will hacia su sala y nos contó. – Esa hipótesis mía sobre los humanos destruyó mi vida por completo. Después de usar demasiado presupuesto de la empresa me deprimí, me deprimí tanto que dejé de trabajar. Mi esposa era la que nos mantenía a mí y a mi hijo, no se daba abasto y se cansó de vivir de esa manera, así que me divorcié y desde ese momento mi vida se fue al hoyo. Así que no seguiré trabajando en algo que me destruyó a mí y a mi familia. –
Will se entrometió e intentó motivarlo a seguir adelante en la vida. Además lo único que necesitábamos eran sus notas y sus conocimientos sobre el tema.
Le pedí que nada más nos pasara sus notas para nosotros encontrar nuevas pistas para seguir con su investigación. Al principio se negó con el argumento de que no íbamos a llegar a ningún lado. Seguí insistiendo porque yo no quería rendirme. Al final cedió y me pasó toda la investigación que ya tenía. Le agradecí y le dejé mi dirección por si cambiaba de opinión.
Era un sobre llenos de papeles un poco difíciles de entender pero logramos descifrar algunos. Hablaban sobre reacciones humanas involuntarias, cosas que nos sucedían por “arte de magia” como cuando intentas dar una maroma y estás a punto de caerte y estrellarte y de la nada caes parado sin ninguna explicación, y como ese ejemplo muchos más. Algo así como estar colgados de unos hilos invisibles cual títeres y yo iba a descubrirlo.
En uno de los reportes, el profesor hablaba sobre unas coordenadas geográficas. Un lugar donde él creía que estaba un cuarto lleno de hilos que controlaban a los humanos. Era sólo una hipótesis y no estaba segura de que fuera real. Ahí decía que ese lugar fue descubierto porque ahí no habitaba una sola persona, estaba llena de cuevas y encima de una de esas cuevas había una nube en forma vertical que nunca se movía de ahí, no llovía y no se podía ver nada a través de ella.
Will y yo estábamos seguros de que si visitábamos ese lugar podríamos descubrir la verdad, pero el problema es que ese lugar se encontraba en el continente africano, al sur, en un país que jamás había escuchado en mis 12 años de vida, y obviamente no tenía la autorización de mis padres para ir hasta allá y menos si les explicaba el motivo de mi visita. Iba a ser casi imposible de convencerlos pero no iba a renunciar.
A los pocos días el señor Cooper tocó la puerta de mi casa y me dijo que estaba dispuesto a ayudarme ya que podía ser la llave para recuperar su vida de nuevo. Estaba bastante emocionada, pero preocupada a la vez porque no teníamos dinero para mandar al profesor a Onimwa donde se encontraban esas coordenadas para que pudiera seguir investigando.
– Señor Cooper, ¿tiene dinero para ir hasta allá?
– No, no lo tengo, hace mucho tiempo que no tengo un empleo estable. Pero tenemos que conseguirlo cueste lo que cueste.
Llamé a Will y pusimos nuestros planes en marcha. Íbamos a lavar autos, hacer una venta de garaje y también íbamos a vender botana afuera de los partidos de futbol juveniles todos los domingos.
Nos tardamos un poco más de seis meses para poder recaudar todo el dinero para que el profesor pudiera viajar.
Regresé a mi casa después de un día agotador de ventas, me acosté en la cama y me puse a pensar qué es lo que pasaría si todo esto fuera sólo mi imaginación y nada de esto existiera. Me decepcionaría un poco pero me sentiría bien conmigo misma porque no me rendí hasta encontrar una respuesta. Pero si sí lo lográramos, tal vez sería reconocida como co-creadora de este nuevo gran descubrimiento.
Por fin llegó el día en el que el Profesor Cooper volaba hacia Onimwa y estábamos muy entusiasmados. Se quedaría ahí dos semanas para investigar.
El tiempo pasó rápido y a las dos semanas recibí una carta.
Jane:
Me alegra saludarte. Tengo noticias desde África.
Estuve todo el tiempo haciendo estudios en la cueva de la nube, investigando y preguntando a la gente.
Esa cueva estaba protegida con una enorme puerta por la cual no podíamos pasar al interior para verla. Con ayuda de toda la amable gente, con herramientas, sudor y esfuerzo logramos entrar. Estaba todo lleno de niebla y no se podía ver nada.
Nuestra hipótesis de que ahí pudiera haber seres diferentes a los humanos que nos manejaran, que hubiera una infinidad de hilos por los que colgáramos o alguna pista que nos llevara a resolver nuestras dudas, lamentablemente no encontré nada, sólo una gran cueva vacía.
Mis estudios han fallado y no hay ninguna prueba para sustentar lo que creemos y temo decirte que estábamos en lo incorrecto.
Todos actuamos por nuestro propio instinto y hacemos las cosas que queremos y por eso el mundo está como está. Ojalá hubiéramos tenido la razón, pero no la tuvimos, no siempre la tenemos.
Estoy muy orgulloso de lo que hemos intentado juntos, que no nos rendimos hasta tener una respuesta clara y nunca dejamos de creer en nosotros mismos.
Espero que estés satisfecha con nuestro trabajo aunque no hayamos obtenido lo que quisimos.
También quería despedirme ya que he decidido quedarme a vivir en este gran país, creo que hay bastantes cosas aquí en las que puedo ayudar a la gente, además ya no tengo nada que hacer en Inglaterra, aquí puedo conseguir una nueva vida, empezar desde cero.
Espero volver a verte, hasta pronto.
Michael Cooper

Esa carta me dejó sin aliento, no sabía en qué pensar pero creo que me siento bien.
Lo que me pone más feliz es que nunca me di por vencida y llegué hasta el fondo de todo esto. Estoy muy contenta que el profesor encontró un nuevo lugar y un nuevo camino.
Le di las gracias a Will por haber creído en mí desde un principio y por su ayuda incondicional.
Seguí con mi vida pensando en que soy la única que puede cambiar mi destino y la única que puedo decidir en qué persona me quiero convertir y que no voy a dejar que nadie elija ni actúe por mí.
Cada quien puede elegir su rumbo y cada quien es responsable de sus actos.
Espero convertirme en una gran persona segura de sí misma y lista para la vida que me falta por recorrer. Escojamos ser mejores personas y actuar por nuestra cuenta. Yo soy la arquitecta de mi propio destino.

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