La casa de la acera de enfrente

Por: Noobmaster 69

Hace como tres años en la casa de enfrente hubo un asesinato a sangre fría y si me preguntan, yo jamás conocí a la persona que vivía allí, sólo sé que trabajaba para los mafiosos, creo que les robó y por eso lo mataron, bueno eso fue lo que me contó mi amigo Barry, pero siempre pienso en cómo pasó, ¿cómo lo mataron? De hecho siempre lo pienso.

La casa de enfrente es algo que sí da miedo, nadie vive allí desde que pasó aquel terrible suceso; siempre que va una persona a ver la casa, sale huyendo y nunca jamás regresa. Yo pienso que hay fantasmas, bueno, sólo tengo 13 años y es lo que mi imaginación piensa.
Por las noches se escucha cómo las puertas de la casa se azotan, lo más raro es que no hay ninguna ventana abierta; siempre escucho, al pasar por ahí, ruidos como de “gritos” maniacos que asustan y me ponen la piel de gallina. Una vez me asomé por la ventana de mi cuarto y vi a una “persona” asomarse, me fui a mi cama todo asustado.
Mañana empiezan las clases y la verdad no quisiera ir, este año no sé por qué, pero toda mi atención se centra en esa casa, un día quisiera ir, aunque de verdad, esta obsesión sólo me está quitando el sueño y me tengo que ir dormir para estar listo mañana.
– ¡Harry ya levántate ya es hora! – dijo mi madre.
– ¡Sí, ya voy mamá!
El camión siempre llega por mí a las 6:00 am y pasamos por la casa de enfrente, siempre que vamos por allí me dan muchos escalofríos. El camión llega por mi amigo, Timoteo sube junto con mis demás amigos que por alguna razón viven en el mismo edificio.
Mi amigo Barry es judío y me agrada mucho, nos la pasamos inventando historias de la casa de enfrente, no es casualidad que siempre que es el primer día de clases, pasa un accidente como el del asesinato del día 26 de agosto, en esa fecha siempre pasa algo inexplicable, lo más raro es que siempre es al lado de la casa, que raro, ¿no lo creen?
Mi amigo y yo somos unos krelboynes (o sea, sabelotodo) y es irritante que todos nos molestan, incluso hasta a mi amiga que no va en mi salón. Nosotros nos comprometimos a ir un día a la casa de enfrente pero nunca, por una cosa u otra, una especie de sudor frío se apodera de nosotros y nunca decidimos ir, creo que es porque nos da mucho miedo o tal vez, porque a Alexa (mi amiga), sus papás le prohíben ir.
Francis un bravucón que siempre nos molesta dice que ya fue y nos presume que él mismo derrotó al fantasma, – ¿ustedes creen esto? – casi pierde la vida… ¡yo no lo creo!
Un día llegó Alexa muy decidida y nos dijo a la pandilla.
– Mañana vamos a la casa de enfrente acabando la escuela. –
Yo me quedé helado y sólo asenté con la cabeza.
A la mañana siguiente, mi grupo y yo estábamos muy asustados, preguntándonos unos a otros, – ¿si somos listos, por qué tendríamos miedo?
Adivinaron, todas las clases estuve distraído pensando en lo que pasaría si moría o peor aún, si todos desaparecíamos, no sé por qué mis pensamientos apuntaban a esto y la verdad, no podía dejar de hacerlo ¡demonios!
Al acabar la escuela nos fuimos todos a mi casa, preparamos todo lo necesario para ir, linternas, comida, cinta adhesiva, rodilleras, cuadernos para anotar lo necesario (como un fantasma) y obviamente sal. Fuimos despacio, con cuidado, como si fuéramos espías, pero más rápido de lo que hubiéramos deseado, llegamos a la casa. Barry iba a patear la puerta, pero Alexa lo detuvo.
– Está abierta, tonto, – dijo ella – ¿no te das cuenta?
Así que entramos cuidadosamente para no llamar la atención del “fantasma” y no sé si fue el subconsciente o la realidad, pero todos escuchamos pasos en el piso de arriba, petrificados por unos instantes, nos dimos valor unos a otros y subimos la escalera; no vimos nada, pero sí escuchamos como la puerta del desván se abría haciendo un rechinido infernal.
Barry dijo – yo subo primero – y luego Alexa lo siguió, subiendo sin el mayor cuidado; yo me quedé vigilando a ver si no aparecía el “fantasma”. En lo que ellos “revisaban” el desván, escuché a alguien gritando – ¡ayuda!, ¡ayuda! – me quedé petrificado, no sabía qué hacer, con un sudor frío me armé de valor para ir a ver qué pasaba, ¿y que imaginan que encontré? Era una mujer sin piernas; todo este encuentro me revolvió el estómago, sintiendo como si fuera a desmayarme, giré la cabeza y juro que vi algo que podría tomarse como un fantasma, no era de esos con sábanas, era de esos que son terroríficos, fue entonces que el asunto se puso aún más tétrico, pues de sus fríos y podridos labios salió la frase, – ¿acaso te perdiste? – Fue entonces que no pude más y me desmayé.
Desperté en el hospital, no recordaba nada, sólo que entramos en la casa, estoy convencido que soñé lo que pasó; junto a mi cama de hospital, estaban Barry, Alexa y mis padres, pero me dejaron solo para que descansara. Cuando estaba dispuesto a dormir, convencido que todo había sido producto de mi imaginación, escuché esa voz susurrando cerca de mi oído, – yo te puedo llevar de regreso.

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