El cuadro mágico

Por: Pianista

En Montmartre, un pueblito de París, Francia, vivían Nicolás y su hija Sophia, Nicolás era un hombre alto y delgado, de cabello claro y ojos color aceituna, y Sophia era una joven de cabello rizado rojizo y ojos claros, idéntica a su madre. La casa siempre estaba llena de arte debido a que Nicolás pintaba, en el piso de abajo tenían una galería que era de las más famosas de París.

Nicolás le enseñaba a pintar a Sophia y a Sophia le encantaba la hora de clase, ya que quería seguir los pasos de su padre.
Un jueves por la tarde, a la hora de clase, Sophia pintó un hermoso cuadro que tenía en él un piano, dijeron que lo iban a bajar a la galería para exponerlo. Un joven muy apuesto llamado Martín, que era muy alto, cabello claro y ojos azules, de cara afilada y una bella sonrisa estaba pasando por la galería y vio el bello cuadro. Inmediatamente se sintió atraído por él, se estremeció ante tanta belleza. Cada día después de su trabajo se sentía ansioso por llegar a la galería y observar el cuadro que tanto llenaba de gozo su corazón, ya que él era pianista y le encantaba la música.
Pasaron los meses y Martín se enamoraba más del cuadro. A Nicolás le llamaba la atención que este muchacho tuviera tanto interés de esta obra de arte. Martín decidió idear un plan, un buen día se escondió en un rincón de la galería y al llegar la media noche sus manos empezaron a temblar de gozo, al poder, después de unos meses, sentir con sus dedos el cuadro, una energía lo jaló y él estaba dentro del cuadro. Se sorprendió al saber que podía tocar el piano, tocó las melodías que el mismo compuso, de pronto escuchó que alguien bajaba las escaleras, era Sophia, que le llamó mucho la atención las bellas composiciones que tocaba Martín. Martín se fue rápidamente ya que no quería que lo lo vieran, cuando Sophia llegó a la planta baja ya no había nadie, pero ella sabía que esa música venía de su galería.
Martín se impresionó al saber que el cuadro era mágico y podía entrar en él, así que decidió ir a tocar todas las noches y así lo hizo; para Sophia seguía siendo un misterio quién tocaba el piano, ella sospechaba que la música venía del cuadro que ella pintó, así que un día decidió esconderse para saber qué sucedía. Hizo un plan, ella se quedó en las escaleras para que cuando escuchara la música pudiera observar qué pasaba. Esa misma noche vio cómo Martín salía de su escondite y se acercaba al cuadro para tocarlo, en ese momento Sophia salió a la vista de Martín y preguntó.
– ¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?
Cuando Martín vio a Sophia, quedó deslumbrado por su belleza y le contestó.
– Soy Martín y tu cuadro es mágico, ya que puedo entrar en él y tocar el piano.
– ¿Cómo puede ser eso posible? A ver demuéstramelo.
Martín se acercó, puso sus manos sobre él y de pronto estaba dentro del cuadro. Comenzó a tocar el piano. Sophia no podía creer lo que veía, descubrió que su cuadro era mágico y aquel apuesto joven también lo era. Martín preguntó.
– ¿Te molestaría que viniera cada noche a seguir tocando?
– No, claro que no, tu música es hermosa, me fascina, es increíble que esto esté pasando, pero hay un pequeño inconveniente, mi padre vendió el cuadro y en dos días vendrán por él. Tenemos que crear una estrategia para que esto no suceda.
– ¡Ya sé! ¿Y si hacemos una réplica de tu cuadro?
– Eso es casi imposible, ¿cómo puedo pintar un cuadro en dos días?
– Claro que podrás.
– Debo empezar en este mismo momento.
– Me voy para dejarte trabajar.
– ¡No! No te vayas, quédate conmigo, tu compañía me ayudará.
En eso momento se quedaron mirando el uno al otro sintiendo ambos un profundo deseo de abrazarse y sin darse cuenta, se tenían ya muy cerca, entonces Sophia reaccionó y dijo.
– Está bien, debo comenzar.
Le pidió a Martín que le ayudara a acomodar el lienzo y las pinturas, Sophia entonces dio inicio a su nueva pintura, mientras Martín la observaba. Así transcurrió toda la noche. Sophia logró avanzar mucho y acordó con Martín de volverse a ver esa noche para continuar con el trabajo.
Martín se fue y no dejó de pensar en Sophia, ansiaba volverla a ver. Sophia estaba un poco angustiada por el poco tiempo que tenía para terminar el cuadro, quería estar otra vez con Martín, con él todo era mágico, su presencia, su música, su cuadro lo acercó a ella y sentía una fuerte atracción y conexión por él.
Llegó la noche y Martín llegó a la galería donde Sophia lo esperaba.
– Qué bueno que llegaste, debemos apresurarnos.
– Así es, me alegra verte.
– A mí también.
– Pues comencemos.
Martín ayudó a Sophia a acomodar todo su material y ella comenzó a trabajar, Martín sólo la observaba, entre más la miraba más bella la encontraba, entonces dijo.
– ¿Sabes que eres muy hermosa y toda esa belleza que hay en ti la reflejas en cada pincelada que das?
– Eres muy amable y gentil, todo un caballero, gracias. Tu música también es muy hermosa.
– Gracias.
Aprovechó el momento para acercarse más a ella, acarició su rostro, dio unos pasos más y la besó.
Se quedaron mirando por un rato sin decir nada y se abrazaron. Después de un rato, Sophia dijo.
– ¡El cuadro! Debemos terminarlo cuanto antes.
Se incorporó y continuó pintando, y así, concentrada en su trabajo, logró terminarlo esa misma noche. Finalmente, Sophia suspiró, y argumentó.
– Lo logramos, ahora podremos conservar el cuadro mágico que nos ha unido. Ayúdame a descolgarlo y a subirlo a mi habitación, en su lugar colgaremos el nuevo ya que en unas horas vendrán por él.
Martín ayudó a Sophia a hacer el cambio de cuadros y se despidieron. Unas horas después estaba Nicolás en la galería esperando a su cliente para entregar el cuadro. El cliente llegó a la hora acordada y ninguno de los dos sospechó que ese no era el cuadro, Nicolás lo entrego y todo salió a la perfección.
Sophia estaba feliz de haber podido conservar el cuadro mágico que la conectaba con Martín, así pues, como cada noche, llegó Martín a la galería, vio a Sophia con el cuadro y la abrazó, tomó su mano y juntos se acercaron al cuadro y la misma energía con la que atrajo a Martín ahora también sucedió con Sophia. Ambos estaban dentro del cuadro, Martín tocó el piano mientras Sophia lo escuchaba; y así todas las noches Martín visitaba a Sophia y tocaba el piano para ella.
Hoy en día este cuadro es muy famoso, es un joven tocando el piano y al lado una bella mujer escuchando. Se puede apreciar en el Museo del Prado en Madrid.

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