Shock Morris

Por: T.K.Roz

En el sur del Amazonas, ahí por 1916 había un lugar donde la pesca era buena y, la vida del pantano sagrada, existió un pueblo misterioso, de salvaje naturaleza en donde vivía una comunidad Chamanica. Son unos brujos que están en pro de la naturaleza, odian a los cazadores, hacen pocos rituales, les gusta proteger el Amazonas en todo su esplendor, sacrifican un animal por protección y de acuerdo al calendario lunar.

Para ellos yo era el textilero más rico del lugar. Ningún Chaman tenía conocimiento sobre mis actividades ilícitas. También soy un cazador, aventurero, pescador. Vivo en un islote que se encuentra en la riviera de aquella ciudad mística llamada: ”Watergator”.
Esta comunidad tiene su lado oscuro, ya que los cazadores tenemos que cuidarnos de que los chamanes no sepan a qué nos dedicamos, está estrictamente prohibido el comercio de animales. Mis clientes, diplomáticos y ricos, a los que llevaba a que ellos cazarán a su presa, también era el contacto con el taxidermista y les hacía llegar sus piezas ya terminadas, incluyendo pieles hasta la comodidad de su hogar.
Cuenta la leyenda que el dios Yacuruna les encargó a los Chamanes que cuiden el Amazonas y a todas las especies que en él habitan. El día en que este recinto sagrado esté en peligro, la selva y el río se fusionarán en una criatura, y todo aquel que haya sido profanador será perseguido por este monstruo, el cual atacará uno por uno a todos los responsables del atroz acto, desde el más débil, hasta el más poderoso, sufrirá muchas pérdidas y se sentirá impotente ante esta situación, para poder remediarlo, necesita confesarle a los Chamanes todos sus pecados en contra de la naturaleza, arrepentirse desde lo más profundo de sus ser, ayudarlos a conservar la naturaleza.
Yo no creo en esas cosas de maldiciones ni en ni una tontería semejante, pero todas mis expectativas, opiniones e ideas van a cambiar.
Un día buscaba para un cliente una de las criaturas más difíciles de atrapar, de las más peligrosas, aterradoras y protegidas por los Chamanes: “la anguila eléctrica del Amazonas”, posee 860 voltios. Era medio día, en esta aventura me acompañaban diez cazadores y diez vigías para que los chamanes no nos vean. Estoy con mis hombres, encontramos a la anguila río arriba, agarramos los rifles y empezamos a dispararle, la matamos. Gire mi cabeza para darle instrucciones a mi personal y ¡oh sorpresa! a unos pasos estaban la mano derecha del Chamán y otros diez hombres recolectando agua, ¡nos sorprendieron!
En ese momento mi pulso se aceleró, tenía ganas de agarrar mi rifle y dispararles, fue tanta la sorpresa, que mis hombres y yo nos quedamos paralizados. Ellos corrieron y nosotros fuimos a nuestras casas. Yo guardé en un compartimiento secreto en mi sótano la anguila, mi gente y yo estábamos nerviosos, no sabíamos de qué eran capaces los Chamanes.
De repente llegó el jefe de los chamanes Pusak acompañado por el jefe de la policía y sus elementos, traían una orden de cateo. Se me acusaba de atacar a un animal, la mano derecha del Chaman era testigo.
En ese momento, sentí que estaba en grandes aprietos, ellos comenzaron a revisar mi casa, yo temblaba por dentro, no sabía que hacer, en eso vi a uno de los oficiales solo y lo soborné, me pidió 1,000 Reales, porsupuesto yo lo acepté de inmediato, se hizo tonto un rato en el sótano y dijo que aquí no había nada.
El Chamán me miraba con odio, de manera amenazante, pedía que revisen bien y encuentren a la anguila, los policías dieron por terminada la búsqueda, no encontraron evidencias, yo quede libre. El Chamán regreso a su aldea, yo lo espiaba con binoculares desde mi casa, llegó a su comunidad directo a realizar una ceremonia al dios Yacuruna, lo se porque en otras ocasiones ya los había espiado.
Le di a mis hombres la semana libre, también doné 10,000 reales para la conservación del Amazonas. Una manera estratégica de quitar toda sospecha sobre mi y mis actividades.
Después de esa semana de descanso, faltaron cinco hombres al trabajo, yo preocupado por lo que pudo haberles pasado, al preguntar por ellos me dijeron que habían desaparecido junto con sus familiares, la situación era tan extraña que no sabía si del miedo huyeron, la policía los atrapó o qué les pasó.
Un día después, tres de mis hombres aparecieron muertos, tenían una mordida de algo muy grande como cocodrilo, pero el forense dijo que no podía ser porque los colmillos no coincidían con los de un cocodrilo.
Dos días después, tratando de averiguar que está pasando con mis hombres, fui a la comisaría para pedirles que me ayuden a buscarlos, estaba platicando con los policías cuando de repente veo a una especie de cocodrilo eléctrico, al momento de que lo trate de atrapar el me golpeo con su cola y me electrocutó, cuando desperté ví que la criatura ya no estaba, los policías tenían las manos ensangrentadas y quemaduras graves peores que las mías, el dinero que le dí totalmente ensangrentado.
Pasé una semana en casa paranoico, pues no podía creer que ví un cocodrilo eléctrico, tenía un hocico grande, se le salía los dientes, medía diez metros, con su cuerpo electrocutaba, a cada paso que daba veías todo quemado.
Me sentía totalmente desesperado, no sabía que hacer, hasta que de repente, después de pensarlo mucho, mis hombres (los que quedaban, ya que todos los días desaparecían más) y yo, fuimos a ver a los chamanes, en el camino nos encontramos a esa criatura, me miraba fijamente irradiando electricidad, tenía ojos saltones, sus dientes, cara y cola de anguila, y cuerpo de cocodrilo. Eso me recordó a la anguila que nos cacharon cazando.La diferencia era clara, por más que le disparábamos, no le hacíamos daño. Parecía que habíamos fallado. ¿cómo era posible que nosotros los expertos no pudiéramos darle a un objetivo de ese tamaño?, no parabamos de disparar cuando la criatura nos atacó, cobrándose a cuatro de mis hombres, se los comió. Casi todos mis hombres salieron huyendo.
Yo llegué a la aldea Chamana con dos de mis hombres, solicitamos audiencia con el jefe de los Chamanes, queríamos saber si el sabe que sucede, pero lo único que me decía era ¡asesino!, todo lo que pasa es tu culpa, la sangre de tus hombres está en tus manos, que la única solución era que mis dos hombres y yo hicieramos el pacto de sangre sobre el altar del dios Yacuruna, para proteger a todas las criaturas vivientes del amazonas.
Pero al cabo de una semana volvía a cazar, esta vez, un pelícano, cuando jale el gatillo, lo que pasó fue que regresó esa criatura de las profundidades y ya no vi la luz.

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