La historia de Kaho

Por: Rosa negra

Un lunes por la mañana, en la bella ciudad de Guadalajara, una señora con 8 meses de embarazo iba camino al trabajo, de repente sintió dolores de parto justo cuando pasaba por el Hospicio Cabañas, no se le ocurrió otra cosa que pedir ayuda tocando la puerta desesperadamente. Salió un monje budista a ayudarla, la metió al lugar pariendo casi inmediatamente. La mujer murió durante el parto, pero dio a luz el bebé hermoso, sano y regordete. Los monjes no sabían qué hacer con el recién nacido, pues no tenían información sobre la infortunada mujer, tampoco sabían quién era su padre así que decidieron quedarse con el niño y le pusieron el nombre de Kaho, en honor a un donador del hospicio.

Los Monjes budistas criaron y educaron muy bien a Kaho, le daban de comer saludablemente le enseñaron a leer, escribir, bañarse, etc.

Un día soleado y agradable Kaho salió a andar en bicicleta cuando el freno se rompió y Kaho calló por un barranco, golpeándose con las piedras, recibió un fuerte golpe en la cabeza que lo dejó inconsciente. Cuando Kaho despertó notó que su piel se estaba regenerando, así que fue corriendo con los monjes budistas y les contó sobre lo sucedido. Los Monjes budistas ya sabían qué era lo que pasaba, le habían detectado desde pequeño un don llamado infernilitis que es la incapacidad de morir. Este don podía ser peligroso porque si Kaho no lo encaminaba hacia el bien, podría lastimar a mucha gente pero por otra parte si Kaho hacía un buen uso, podría salvar a mucha gente. Gracias al don, Kaho también tenía el poder de curar a la gente, árboles, plantas y animales.

Los monjes budistas, a través de la educación que le dieron, sabían que Kaho iba a utilizar su don para hacer el bien.

Los Monjes eran ya mayores, por lo que les quedaba poco tiempo de vida, querían dejarle el máximo aprendizaje posible a Kaho, quien contaba con tan solo 10 años de edad por lo que le pidieron que pasara todo el tiempo necesario con ellos. Kaho trató de satisfacer algunos de sus deseos. Pocos meses después los monjes partieron de este mundo y Kaho cada día los iba a visitar a sus tumbas, les ponía flores y con algunas lágrimas en sus ojos les contaba cómo iba su día, había mucha gente que ayudaba a Kaho, como la vecina que le hacía la comida que por cierto, le quedaba para chuparse los dedos. También estaba la bibliotecaria que le ayudaba a escribir y le recomendaba lecturas y por último, su amiga Daniela a quien había conocido en el hospicio y tenía el mismo don de Kaho. Todos los días Daniela le brindaba su amor y su alegría. Daniela también era huérfana, ´por lo que los monjes la habían llevado al hospicio, juntos lo arreglaban y lo limpiaban, también todos los días iban al bosque a curar las plantas y los animales ellos tenían una gran conexión con la naturaleza y les gustaba convivir con todo aquello a su alrededor.

Un día Daniela le preguntó a Kaho que por qué no había salvado a los monjes de su muerte y Kaho le contestó que cuando llega el momento hay que dejarlo pasar, que la muerte era un paso inevitable y los monjes habían sacado el mejor provecho a su vida y vivieron muy felices. Daniela le preguntó a Kaho qué iban a hacer toda su vida porque llegaría el momento en que se aburriran de vivir, Kaho también estaba preocupado por eso pero dijo que él siempre la acompañaría y que nunca se aburriría de estar con ella, al fin tendrían muchas cosas en qué ocuparse. Kaho ya tenía 12 años, Daniela 10. Les gustaba sentarse en los árboles y platicar, a veces se acostaban en las copas y veían las estrellas de noche, otras ocasiones veían las nubes y siempre que veían las nubes, Kaho recordaba a los monjes. En las nubes él percibía amor, paz, respeto, humildad y muchos valores más. Daniela sabía que nunca se separaría de Kaho. Pasó el tiempo, Kaho cumplió 19 años, Daniela tenía solo 17. Kaho iría a la universidad y a Daniela le faltaba poco, los dos eran muy felices. En la universidad Kaho se convirtió en monje curativo y Daniela en fisioterapeuta; a los dos les gustaba lo que hacían, ayudaban a la gente y la curaban, hoy en día Kaho y Daniela está en todas partes viendo en qué pueden ayudar, hacen labor social y siempre están dispuestos.

Así que no te olvides que hay que ser valiente, al fin y al cabo siempre hay alguien que te ayudará.

Fin.

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