El Rey sabio

Por: Güerita

En un pueblo lejano había un rey llamado Alfredo. El rey era muy querido por todos sus habitantes puesto que siempre veía el bien de todos y se preocupaba por tener el mejor reinado, sin embargo, había algo entre sus habitantes, no se podían llevar bien entre ellos, predominaba la envidia, el enojo, el egoísmo, la arrogancia y la apatía. Esto entristecía mucho al rey y pasaba noches en vela pensando qué hacer.

Desesperado el rey de la mala relación que tenían entre todos sus habitantes, se le ocurrió una idea y convocó a todos en la plaza. Como todo el pueblo quería mucho al rey, fueron todos a escuchar lo que el rey les iba a decir.

Al tener a todo el pueblo reunido, el rey les dijo que tenían que hacer entre ellos dos grupos para construirle un grandioso palacio. Que se reunieran los arquitectos, ingenieros, diseñadores, administradores, albañiles, constructores y todas las personas que se requirieran para construir un hermoso palacio, les dio una fecha límite y presupuesto para construirlo. También, les informó, que aquel equipo ganador iba a recibir una gran recompensa. Sin más explicación, el rey se retiró dejando a sus habitantes algo sorprendidos por tal petición.

Pasaron muchos días y los habitantes del pueblo no lograban formar los grupos, ya que nadie se escuchaba, todos querían opinar, no había orden ni respeto, nadie tomaba la iniciativa, ni la proactividad de comenzar.

Al rey le informaron que su pueblo no había logrado aún hacer la división de los equipos de trabajo, por lo que se le ocurrió hacer un sorteo y formar los grupos. Volvió a reunir al pueblo y les indicó a todos el nuevo plan. Dividió a pueblo en dos grandes equipos, desde niños hasta ancianos, ya que él consideraba que todos podían participar en la construcción de los palacios.

El rey mencionó a los participantes de cada grupo así como los nombres de ambos equipos. Al primer equipo lo llamó “AMOTOLEMPA” y al segundo grupo lo llamo “SOLPACED”. Nadie entendía qué le sucedía al rey, por qué de pronto había hecho tal petición y luego por qué los había nombrado de esa forma tan extraña, pero como todos sabían la bondad del rey, nadie lo cuestionó y comenzaron a dialogar entre sus participantes.

En ambos grupos era un locura, los arquitectos pensaban que en ellos estaba todo el trabajo, los albañiles reclamaban que sin ellos no se podía construir, los administradores decían que sin su intervención el presupuesto del rey no les iba a alcanzar, los ingenieros protestaban que sin sus cálculos el palacio no iba a sostenerse, los diseñadores opinaban que sin ellos el palacio no iba a tener estilo y no le iba a agradar al rey y así cada persona argumentaba que sin su ayuda la construcción del palacio no iba a ser posible.

Después de varios días de discusiones y peleas, ninguno de los equipos había resuelto nada. Las discusiones eran mayores, el pueblo estaba muy alterado porque en el fondo todos querían satisfacer al rey, pero no encontraban la forma correcta de comenzar con el proyecto.
El panadero del pueblo estaba muy preocupado, ya que el tiempo se estaba acabando, los habitantes aún no se organizaban y todo el pueblo estaba muy alterado. Pensó, ¿qué podré hacer para la construcción del palacio, si sólo soy un pobre panadero? Mientras pensaba decidió salir a repartir pan, quizás así al menos al tener un rico pan en el estómago podrían estar mas tranquilos para pensar en una idea.

Todo el pueblo se sorprendió y se alegró de la bondad del panadero, al ver esto, las mujeres se reunieron y decidieron comenzar a cocinar para tener comida suficiente para el día en que los hombres salieran a construir. Como las casas de los habitantes estaban lejos del lugar de construcción, el señor que tenía unos camiones se ofreció a llevarlos al lugar de la construcción y regresarlos por la noche a sus casas.

Al oír las diferentes bondades de las cuales se estaban ofreciendo, los habitantes se empezaron a voluntarizar en diferentes cosas. La gente ofrecía sus servicios, su mercancía y todo con el fin de ayudar, en el pueblo se comenzó a ver un movimiento especial, sin embargo, aún había rivalidad entre los dos grupos, ya que ambos querían construir el mejor palacio.

Un día, el más anciano del pueblo, pidió una pequeña reunión con las personas que ya habían tomado cargo de los grupos y les dijo que por qué mejor no construían un sólo palacio entre todos los habitantes, que pudiera proyectar la fuerza que todos estaban invirtiendo, pero que aún faltaba mucho que hacer, quedaba poco tiempo para lograr el objetivo y en ambos grupos habían personas claves que sin la unión de ellas, no iba a salir la construcción perfecta del palacio.

Después de mucho pensarlo y discutirlo, pensaron que tal vez no sería mala idea, ya que en ambos grupos habían personas importantes que sin la ayuda unos de otros no iban a lograr hacerlo. Reunieron a ambos grupos y decidieron unirse para construir un grandioso palacio, a pesar de que el rey había pedido dos.

Poco a poco, comenzaron a tomar iniciativa, a escucharse unos a otros, a ser empáticos y a ver las necesidades de todos, a ofrecer ayuda, a trabajar en equipo, a dar lo que cada uno sabía hacer mejor, y así, sin darse cuenta, comenzaron a construir el palacio.

Todo el pueblo de alguna u otra forma estaba involucrada. Incluso los niños ayudaban en lo que podían y todos tenían un objetivo en común, hacer feliz al rey y construir lo que les pidió. En el pueblo se respiraba un aire muy especial y los habitantes estaban más felices que nunca, era la primera vez que realmente había compañerismo, que se habían dado cuenta de las grandiosas cualidades que poseían y que durante años no se habían descubierto. El palacio se construía día y noche, con la participación y la buena voluntad de todos, las cosas marchaban muy bien.

Finalmente, llegó el gran día en el que terminaron la construcción más hermosa que había existido en la historia del pueblo. El rey, estaba muy satisfecho pues había logrado su verdadero fin que era unir a todo su pueblo, que a pesar que tenían grandes cualidades nunca se habían percatado de ellas y habían dejado salir su parte mala haciendo que el rey no pudiera ser feliz durante todo los años anteriores, ya que a pesar de poseer riquezas no tenía lo que más le hacía feliz, que era ver a su pueblo unido.

Después de un tiempo, los habitantes del pueblo se dieron cuenta que los nombres de sus equipos tenían que ver con la verdadera misión que el rey quería lograr y descifraron su significado. El rey a través del nombre les había mandado una señal, un mensaje subliminal; “AMOTOLEMPA”, es decir, amor, tolerancia y empatía; “SOLPACED”, es decir, solidaridad, paciencia, ceder. Con estas cualidades se logró construir el palacio más hermoso que jamás haya existido y la mayor recompensa fue la felicidad de sus habitantes.

Dice la historia que nunca existió un pueblo más feliz y en donde existiera una verdadera hermandad, todos trabajaban y se ayudaban, reinaba la paz, la armonía y la buena voluntad, lo cual hacía la vida más fácil y mejor.

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