El arte es subjetivo

Por: Tiburón

Ahí estaba yo, sentado en el sillón naranja de terciopelo suave, viendo por fin mi cuadro que estaba en frente, pensando por qué pasó lo que pasó, por qué hice lo que hice, no dejaba de darle vueltas, eso que pasaba por mi fría mente me causaba escalofríos. ¡Todo por ese cuadro!

Todo empezó por esa gran obsesión que tengo por el arte, me volvía loco, me consumía poco a poco como una droga, tenía decenas de cuadros que compré, pero eventualmente me dejaban de gustar. Sin embargo, mi afición por el arte crecía, pero a la vez estaba harto de no encontrar un cuadro diferente a los demás, con algo que hiciera especial, tan siquiera con otro material.

Me rendí de buscar cuadros diferentes, entonces me decidí por hacer uno yo. Salí de mi casa una mañana fría de invierno a comprar los materiales, una hora después regresé a mi casa puse el lienzo en mi estudio y me senté enfrente, estaba inmóvil. Me quedé horas, días así, frente al lienzo que todavía permanecía blanco, no había podido, poner incluso una mancha de pintura.

Seguía sentado en mi estudio, pensando en qué pintar, me estaba volviendo loco, me paraba de la silla daba vueltas por la habitación, llegaba a gritos de desesperación y me volvía a sentar, hice ese procedimiento varias veces durante los días que estaba frente al lienzo sin saber qué pintar.

Un día estaba a punto de perder la poca cordura que me quedaba, pero en ese momento entró mi esposa al estudio con un libro entre sus manos que tenía una portada colorida, agarró una silla la puso junto a mi, se sentó y empezó a leer.

Mientras ella leía yo seguía pensando en qué pintar, pasaron unos minutos, el silencio era profundo hasta que se rompió por un grito de dolor de mi esposa, estaba pasando una hoja y se cortó la yema del dedo, apenas le salió una gota de sangre pero esa gota bastó para darme la repuesta.

En mi mente empezaron a pasar una serie de pensamientos pero lo primero que pensé fue que con la sangre de mi esposa habría de pintar el cuadro. Pasaron tan solo unos segundos desde que mi mujer se cortara y me salí de control, me paré y agarré un palo de madera que tenía en mi estudio tirado en el piso, lo tomé, me paré atrás de mi esposa y le di un golpe en la nuca.

Ella tirada, muerta, desangrándose mientras yo tomaba su sangre con el pincel y pintaba sobre el lienzo que ahora ya no estaba blanco sino lleno de sangre, en lo único que pensaba era en el cuadro no me importó que acababa de cometer un asesinato, unas horas después acabé el cuadro y lo colgué frente a mi sillón.

Ahora me tenía que ocupar del cuerpo, no sabía qué hacer, entonces decidí por ponerla en una bolsa y la metí a mi coche, manejé hasta llegar a un puente que estaba sobre el río, volteé hacia todos lados para corroborar que nadie sería testigo del acto sangriento que había hecho, no había nadie, entonces saqué el cuerpo del coche lo cargué y lo solté al río.

Regresé a mi casa, dejé mi abrigo en el perchero y me senté frente a mi cuadro. Y ahí estaba yo, sentado en el sillón naranja de terciopelo suave, viendo por fin mi cuadro.

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